"La Cebolla"
Rvdo.
JULIO ALVARADO F.
COSAS DE MI TINTERO
Érase una vez ... como empiezan todos los cuentos... que había una reunión de hortalizas en cierto pueblo dedicado a la agricultura, y que había hecho del cultivo de las hortalizas su principal fuente de ingresos.
Todas reunidas en torno a una entristecida cebolla, que entre sollozos y suspiros, lanzaba sus quejas amargas, como culpando al Creador de su aciaga y patética suerte en el desarrollo de la vida tal y como ella la veía.
"¿Por qué soy tan desgraciada? ...-decía a voz en cuello-. Dondequiera que voy, hago brotar lágrimas en los ojos de quienes tienen la mala idea de trabajar conmigo: ¡Cuántas bellas niñas de enviar despojos, al solo contacto conmigo, se les enrojecen y en forma incontenible, se derraman por sus tersas mejillas, las lágrimas que yo, con mi zumo perverso, les irrito! ... ¡Qué desgraciada que soy!.
"¿Por qué no fui dulce como eres tú, o zanahoria amiga?" ... y la zanahoria cambió de color, poniéndose de un amarillo encendido, casi naranja, de tristeza solidaria con su amiga la cebolla ... "O como tú, y tú -decía- señalando a una y otra de sus extasiadas cuanto más entristecidas oyentes.
El tomate se puso rojo de vergüenza, y no pudiendo hacer nada se retiró prudentemente a los tupido de su madre planta que lo escondió de las miradas de las demás hortalizas que le observaban con la vista baja, sintiendo que ellas mismas, también tenían un poco de culpa de la triste suerte de la angustiada cebolla.
El único que se acercó a la cebolla fue el ajo, y poniendo su oloroso brazo en los hombros redondos de la cebolla, con voz grave de barítono, le dijo: "No comprendo por qué el Creador te dio tal destino y tampoco sé si el mío es mejor que el tuyo; pero debo decir que con sinceridad que tus reclamos me han hecho reflexionar en algo sabio que oí por ahí, en esos caminos de los mundos del Señor".
Se tomó un suspiro y dijo: "Oí decir que la vida, no es todo penas y tristezas, sino que también tiene alegrías y bellezas ... Ahora que yo no sabría explicarte cómo encontrar las unas y desechar las otras; pero me parece que algo de bueno debe de haber en ti, puesto que éstas entre nosotros. ¿No les parece que sí debe ser?" -Interrogó-, volviéndose a las demás compañeras de tertulia.
El rábano se encogió de hombros y se metió debajo de la tierra.
El apio, el perejil, el orégano y su grupo, lanzaron hondos suspiros impregnando el aire de sus distintas fragancias y cada cual se fue alejando, dejando sola a cebolla, sumida en tristezas y amargas reflexiones.
De repente, en medio del silencio que la oprimía, oyó tenue en la distancia, unos sones que vibraban en el espacio, chocando de átomo en átomo hasta llegar adonde ella estaba. Era la campana de la iglesia que anunciaba un no sé qué acontecimiento ...
Escuchó con atención embelesada y le pareció comprender que la campana quería hablar con ella. "¿Qué deseas, Señora de los sones? ", que así la llamaban todos.
Y la campana, muy distinguida y señorial, le dijo: "¿Quieres, distinguida cebolla, ocupar mi lugar privilegiado en lo alto de este campanario? ¿Te gustaría venir aquí y quedar colgada de tus cabellos a la espera de que alguien hale de una cuerda, para que tus propias entrañas te golpeen, para que grites fuerte y así tus lamentos se extiendan por la campiña agreste? " ...
La cebolla la escuchó sorprendida y azorada sin decir ni una palabra, porque la campana aún no había terminado de hablar.
"¿Sabes, querida cebolla -decía la campana-, que por cada acontecimiento, triste o alegre, alguien viene a mí y me obliga a fuerza de golpes ha publicarlo?
"Cuando empiece en el pueblo, cuando por causa de algún santo en procesión, cuando por efecto del amor alguna pareja contrae matrimonio, halan de una cuerda atada a mi corazón de metal, y me golpean inclementes para que lo diga; como si fuese la gestora de todos esos acontecimientos".
"Cuando algún elevado personaje fallece, viene una mano recia y con ira contenida, va halando de la cuerda y en compases de dolor, me culpa de la pena de los deudos que, con mucha angustia, van regando con sus lágrimas el camino al camposanto
Mucho podría decirte de los avatares de la vida ciudadana en la que participó -siempre a los golpes- para satisfacer cada demanda de quien siente que merece que mis vibraciones le publiquen sus mensajes.
"¿Quiere subir hasta mí y ser por siempre una campana? " ...
La cebolla guardó un gran silencio; acomodó sus pequeñas raíces, estiró sus hojitas que le hacían de envoltorio como si fuesen un abrigo y de repente sintió que no los necesitaba.
Entonces se despojó de sus tristezas, pidió disculpas a todas sus amigas las hortalizas, y en un arranque de ubicación, prometió ser la inseparable compañera de todas ellas, cuando de preparar comidas y jarabes se tratase.
Desde entonces, ya ubicada en el consenso de la creación toda, hacen las delicias gastronómicas de los más exigentes paladares.
Moraleja:
¿Por qué te aniquila desventura tanta? ... Sed, pues, como la campana, que por cada golpe que recibe, se estremece y canta.
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