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Primer Libro de los REYES
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Capítulo 1Abisag sirve a David
1:1 Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas,
pero no se calentaba. 1:2 Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen
para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo
abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey. 1:3 Y
buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag
sunamita, y la trajeron al rey. 1:4 Y la joven era hermosa; y ella
abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.
Adonías usurpa el trono
1:5 Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de
carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de
él. 1:6 Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con
decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había
nacido después de Absalón. 1:7 Y se había puesto de acuerdo con Joab
hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
1:8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán,
Simei, Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías. 1:9 Y
matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la
cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos
del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey; 1:10 pero no
convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su
hermano. 1:11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin
saberlo David nuestro señor? 1:12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo,
para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón. 1:13 Ve y entra
al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón
tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues,
reina Adonías? 1:14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré
tras ti y reafirmaré tus razones. 1:15 Entonces Betsabé entró a la
cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía.
1:16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué
tienes? 1:17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva
por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se
sentará en mi trono. 1:18 Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi
señor rey, hasta ahora no lo sabes. 1:19 Ha matado bueyes, y animales
gordos, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote
Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha
convidado. 1:20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel
están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de
mi señor el rey después de él. 1:21 De otra manera sucederá que cuando
mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por
culpables. 1:22 Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el
profeta Natán. 1:23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el
profeta Natán; el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey
inclinando su rostro a tierra. 1:24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has
dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
1:25 Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y muchas
ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del
ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo
delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías! 1:26 Pero ni a mí tu
siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu
siervo, ha convidado. 1:27 ¿Es este negocio ordenado por mi señor el
rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en el trono de
mi señor el rey después de él?
David proclama rey a Salomón
1:28 Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró
a la presencia del rey, y se puso delante del rey. 1:29 Y el rey juró
diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia, 1:30
que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón
reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré
hoy. 1:31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a
tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para
siempre. 1:32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al
profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del
rey. 1:33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro
señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón; 1:34
y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y
tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón! 1:35 Después iréis
vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí;
porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
1:36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo
diga Jehová, Dios de mi señor el rey. 1:37 De la manera que Jehová ha
estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el
trono de mi señor el rey David. 1:38 Y descendieron el sacerdote
Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y
montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
1:39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo,
ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey
Salomón! 1:40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la
gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se
hundía con el clamor de ellos. 1:41 Y lo oyó Adonías, y todos los
convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab
el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con
estruendo? 1:42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del
sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente,
y traerás buenas nuevas. 1:43 Jonatán respondió y dijo a Adonías:
Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón; 1:44 y
el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo
de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en
la mula del rey; 1:45 y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han
ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está
llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído. 1:46 También
Salomón se ha sentado en el trono del reino, 1:47 y aun los siervos
del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga
bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo.
Y el rey adoró en la cama. 1:48 Además el rey ha dicho así: Bendito
sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo
mis ojos. 1:49 Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos
los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino.
1:50 Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue,
y se asió de los cuernos del altar. 1:51 Y se lo hicieron saber a
Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha
asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no
matará a espada a su siervo. 1:52 Y Salomón dijo: Si él fuere hombre
de bien, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él,
morirá. 1:53 Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él
vino, y se inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.
Capítulo
2 Mandato de David a
Salomón
2:1
Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo,
diciendo: 2:2 Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y
sé hombre. 2:3 Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus
caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus
testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que
prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; 2:4
para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos
guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de
toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.
2:5 Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos
generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz
la sangre de guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre
sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies. 2:6 Tú, pues, harás
conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz.
2:7 Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu
mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón
tu hermano. 2:8 También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de
Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo
iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por
Jehová diciendo: Yo no te mataré a espada. 2:9 Pero ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y
sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con sangre al
Seol.
Muerte de David (1 Cr. 29.
26-30)
2:10 Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad.
2:11 Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años
reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén. 2:12 Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera.
Salomón afirma su reino
2:13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella
le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz. 2:14 En
seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di. 2:15 El
dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su
rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi
hermano, porque por Jehová era suyo. 2:16 Ahora yo te hago una
petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla. 2:17 El entonces
dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te lo negará), para
que me dé Abisag sunamita por mujer. 2:18 Y Betsabé dijo: Bien; yo
hablaré por ti al rey. 2:19 Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle
por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a
sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a
su diestra. 2:20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no
me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.
2:21 Y ella dijo: Dese Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías.
2:22 El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag
sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano
mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia.
2:23 Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me
añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras. 2:24
Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono
de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías
morirá hoy. 2:25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo
de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió. 2:26 Y el rey dijo al
sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte;
pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante
de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido
mi padre. 2:27 Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para
que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en
Silo. 2:28 Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había
adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al
tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar. 2:29 Y se
le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que
estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo:
Ve, y arremete contra él. 2:30 Y entró Benaía al tabernáculo de
Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí
moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y
así me respondió. 2:31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale
y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha
derramado injustamente. 2:32 Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza;
porque él ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que él, a los cuales
mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general
del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de
Judá. 2:33 La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab,
y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre David y sobre su
descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte
de Jehová. 2:34 Entonces Benaía hijo de Joiada subió y arremetió
contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto. 2:35
Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc
puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar. 2:36 Después envió el
rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí,
y no salgas de allí a una parte ni a otra; 2:37 porque sabe de cierto
que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu
sangre será sobre tu cabeza. 2:38 Y Simei dijo al rey: La palabra es
buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en
Jerusalén muchos días. 2:39 Pero pasados tres años, aconteció que dos
siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a
Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat. 2:40 Entonces
Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus
siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat. 2:41 Luego fue
dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había
vuelto. 2:42 Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo:
¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y
fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es
buena, yo la obedezco. 2:43 ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento
de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse? 2:44 Dijo además el rey
a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste
contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu
cabeza. 2:45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será
firme perpetuamente delante de Jehová. 2:46 Entonces el rey mandó a
Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió. Y el reino fue
confirmado en la mano de Salomón.
Capítulo 3Salomón se casa con la hija de Faraón
3:1
Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y
la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la
casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor. 3:2 Hasta entonces
el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al
nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
Salomón pide sabiduría (2 Cr.
1.1-13)
3:3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David;
solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos. 3:4 E
iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba
allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar. 3:5 Y se
le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide
lo que quieras que yo te dé. 3:6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran
misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en
verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has
reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su
trono, como sucede en este día. 3:7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me
has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y
no sé cómo entrar ni salir. 3:8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo
al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su
multitud. 3:9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu
pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar
este tu pueblo tan grande? 3:10 Y agradó delante del Señor que Salomón
pidiese esto. 3:11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no
pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de
tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oir juicio,
3:12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado
corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni
después de ti se levantará otro como tú. 3:13 Y aun también te he dado
las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes
ninguno haya como tú en todos tus días. 3:14 Y si anduvieres en mis
caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre,
yo alargaré tus días. 3:15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño;
y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y
sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a
todos sus siervos.
Sabiduría y prosperidad de Salomón
3:16 En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron
delante de él. 3:17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta
mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la
casa. 3:18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta
dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa,
sino nosotras dos en la casa. 3:19 Y una noche el hijo de esta mujer
murió, porque ella se acostó sobre él. 3:20 Y se levantó a medianoche
y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su
lado, y puso al lado mío su hijo muerto. 3:21 Y cuando yo me levanté
de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo
observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a
luz. 3:22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y
tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi
hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. 3:23 El rey
entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la
otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
3:24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
3:25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a
la una, y la otra mitad a la otra. 3:26 Entonces la mujer de quien era
el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo),
y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra
dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 3:27 Entonces el rey respondió y
dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.
3:28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al
rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.
Capítulo
4
4:1
Reinó, pues, el rey Salomón sobre todo Israel. 4:2 Y estos fueron los
jefes que tuvo: Azarías hijo del sacerdote Sadoc; 4:3 Elihoref y
Ahías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat hijo de Ahilud, canciller;
4:4 Benaía hijo de Joiada sobre el ejército; Sadoc y Abiatar, los
sacerdotes; 4:5 Azarías hijo de Natán, sobre los gobernadores; Zabud
hijo de Natán, ministro principal y amigo del rey; 4:6 Ahisar,
mayordomo; y Adoniram hijo de Abda, sobre el tributo. 4:7 Tenía
Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenían al rey y a su
casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecerlo por un mes en el año.
4:8 Y estos son los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de
Efraín; 4:9 el hijo de Decar en Macaz, en Saalbim, en Bet-semes, en
Elón y en Bet-hanán; 4:10 el hijo de Hesed en Arubot; éste tenía
también a Soco y toda la tierra de Hefer; 4:11 el hijo de Abinadab en
todos los territorios de Dor; éste tenía por mujer a Tafat hija de
Salomón; 4:12 Baana hijo de Ahilud en Taanac y Meguido, en toda
Bet-seán, que está cerca de Saretán, más abajo de Jezreel, desde Bet-seán hasta
Abel-mehola, y hasta el otro lado de Jocmeam; 4:13 el hijo de Geber en
Ramot de Galaad; éste tenía también las ciudades de Jair hijo de Manasés, las
cuales estaban en Galaad; tenía también la provincia de Argob que estaba en
Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce; 4:14
Ahinadab hijo de Iddo en Mahanaim; 4:15 Ahimaas en Neftalí; éste tomó
también por mujer a Basemat hija de Salomón. 4:16 Baana hijo de Husai,
en Aser y en Alot; 4:17 Josafat hijo de Parúa, en Isacar;
4:18 Simei hijo de Ela, en Benjamín; 4:19 Geber hijo de Uri, en la
tierra de Galaad, la tierra de Sehón rey de los amorreos y de Og rey de Basán;
éste era el único gobernador en aquella tierra. 4:20 Judá e Israel
eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo
y alegrándose. 4:21 Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde
el Eufrates hasta la tierra de los filisteos y el límite con Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que
vivió. 4:22 Y la provisión de Salomón para cada día era de treinta
coros de flor de harina, sesenta coros de harina,
4:23 diez bueyes gordos, veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin los
ciervos, gacelas, corzos y aves gordas. 4:24 Porque él señoreaba en
toda la región al oeste del Eufrates, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los
reyes al oeste del Eufrates; y tuvo paz por todos lados alrededor.
4:25 Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de
su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón. 4:26
Además de esto, Salomón tenía cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus
carros, y doce mil jinetes.  4:27 Y estos gobernadores mantenían al rey Salomón, y a todos
los que a la mesa del rey Salomón venían, cada uno un mes, y hacían que nada
faltase. 4:28 Hacían también traer cebada y paja para los caballos y
para las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme al turno
que tenía. 4:29 Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy
grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.
4:30 Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que
toda la sabiduría de los egipcios. 4:31 Aun fue más sabio que todos
los hombres, más que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre
todas las naciones de alrededor. 4:32 Y compuso tres mil proverbios,  y sus cantares fueron mil cinco. 4:33 También disertó sobre los árboles, desde el cedro del
Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los
animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. 4:34 Y
para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los
reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.
Capítulo
5 Pacto de Salomón con
Hiram (2 Cr.
2.1-18)
5:1
Hiram rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo
habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram siempre había amado a
David. 5:2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram: 5:3 Tú
sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios, por
las guerras que le rodearon, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas
de sus pies. 5:4 Ahora Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes;
pues ni hay adversarios, ni mal que temer. 5:5 Yo, por tanto, he
determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová
habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu
trono, él edificará casa a mi nombre. 5:6 Manda, pues, ahora, que me corten cedros del Líbano; y mis
siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú
dijeres; porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar
madera como los sidonios. 5:7 Cuando Hiram oyó las palabras de
Salomón, se alegró en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo
sabio a David sobre este pueblo tan grande. 5:8 Y envió Hiram a decir
a Salomón: He oído lo que me mandaste a decir; yo haré todo lo que te plazca
acerca de la madera de cedro y la madera de ciprés. 5:9 Mis siervos la
llevarán desde el Líbano al mar, y la enviaré en balsas por mar hasta el lugar
que tú me señales, y allí se desatará, y tú la tomarás; y tú cumplirás mi deseo
al dar de comer a mi familia. 5:10 Dio, pues, Hiram a Salomón madera
de cedro y madera de ciprés, toda la que quiso. 5:11 Y Salomón daba a
Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite
puro; esto daba Salomón a Hiram cada año. 5:12 Jehová, pues, dio a
Salomón sabiduría como le había dicho; y hubo paz entre Hiram y Salomón, e
hicieron pacto entre ambos. 5:13 Y el rey Salomón decretó leva en todo
Israel, y la leva fue de treinta mil hombres, 5:14 los cuales enviaba
al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por turno, viniendo así a estar un
mes en el Líbano, y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de
aquella leva. 5:15 Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las
cargas, y ochenta mil cortadores en el monte; 5:16 sin los principales
oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los cuales
tenían a cargo el pueblo que hacía la obra. 5:17 Y mandó el rey que
trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y
piedras labradas. 5:18 Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y
los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la madera y la cantería para labrar
la casa.
Capítulo 6Salomón edifica el templo (2 Cr. 3.
1-14)
6:1
En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de
Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes
de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová.
6:2 La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo
y veinte de ancho, y treinta codos de alto. 6:3
Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo
ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era
de diez codos. 6:4 E hizo a la casa ventanas anchas por dentro y
estrechas por fuera. 6:5 Edificó también junto al muro de la casa
aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor del templo y del
lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor. 6:6 El aposento
de abajo era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis codos de ancho,
y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho disminuciones a la casa
alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de la casa. 6:7 Y
cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de
tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la
casa, ni ningún otro instrumento de hierro. 6:8 La puerta del aposento
de en medio estaba al lado derecho de la casa; y se subía por una escalera de
caracol al de en medio, y del aposento de en medio al tercero. 6:9
Labró, pues, la casa, y la terminó; y la cubrió con artesonados de cedro.
6:10 Edificó asimismo el aposento alrededor de toda la casa, de altura de
cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de cedro.
6:11 Y vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo: 6:12 Con
relación a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e hicieres
mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré
contigo mi palabra que hablé a David tu padre; 6:13 y habitaré en ella
en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel. 6:14
Así, pues, Salomón labró la casa y la terminó. 6:15 Y cubrió las
paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro,
desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el
pavimento con madera de ciprés. 6:16 Asimismo hizo al final de la casa
un edificio de veinte codos, de tablas de cedro desde el suelo hasta lo más alto;
así hizo en la casa un aposento que es el lugar santísimo. 6:17 La casa, esto es, el templo de adelante, tenía cuarenta
codos. 6:18 Y la casa estaba cubierta de cedro por dentro, y tenía
entalladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo era cedro;
ninguna piedra se veía. 6:19 Y adornó el lugar santísimo por dentro en
medio de la casa, para poner allí el arca del pacto de Jehová. 6:20 El
lugar santísimo estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte
codos de largo, veinte de ancho, y veinte de altura; y lo
cubrió de oro purísimo; asimismo cubrió de oro el altar de cedro. 6:21
De manera que Salomón cubrió de oro puro la casa por dentro, y cerró la entrada
del santuario con cadenas de oro, y lo cubrió de oro. 6:22 Cubrió,
pues, de oro toda la casa de arriba abajo, y asimismo cubrió de oro todo el
altar que estaba frente al lugar santísimo. 6:23 Hizo también en el lugar santísimo dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codos de altura.
6:24 Una ala del querubín tenía cinco
codos, y la otra ala del querubín otros cinco codos; así que
había diez codos desde la punta de una ala hasta la punta de la otra.
6:25 Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ambos
querubines eran de un mismo tamaño y de una misma
hechura. 6:26 La altura del uno era de diez codos, y asimismo
la del otro. 6:27 Puso estos querubines
dentro de la casa en el lugar santísimo, los cuales extendían sus alas, de modo
que el ala de uno tocaba una pared, y el ala del otro tocaba la otra pared, y
las otras dos alas se tocaban la una a la otra en medio de la casa.
6:28 Y cubrió de oro los querubines. 6:29 Y esculpió todas las
paredes de la casa alrededor de diversas figuras, de querubines, de palmeras y
de botones de flores, por dentro y por fuera. 6:30 Y cubrió de oro el
piso de la casa, por dentro y por fuera. 6:31 A la entrada del
santuario hizo puertas de madera de olivo; y el umbral y los postes eran de
cinco esquinas. 6:32 Las dos puertas eran de madera de olivo; y talló
en ellas figuras de querubines, de palmeras y de botones de flores, y las cubrió
de oro; cubrió también de oro los querubines y las palmeras. 6:33
Igualmente hizo a la puerta del templo postes cuadrados de madera de
olivo. 6:34 Pero las dos puertas eran de madera de ciprés; y las dos
hojas de una puerta giraban, y las otras dos hojas de la otra puerta también
giraban. 6:35 Y talló en ellas querubines y palmeras y botones de
flores, y las cubrió de oro ajustado a las talladuras. 6:36 Y edificó
el atrio interior de tres hileras de piedras labradas, y de una hilera de vigas
de cedro. 6:37 En el cuarto año, en el mes de Zif, se echaron los
cimientos de la casa de Jehová. 6:38 Y en el undécimo año, en el mes
de Bul, que es el mes octavo, fue acabada la casa con todas sus dependencias, y
con todo lo necesario. La edificó, pues, en siete años.
Capítulo 7Otros edificios de Salomón
7:1
Después edificó Salomón su propia casa en trece años, y la terminó toda.
7:2 Asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cien
codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos
de altura, sobre cuatro hileras de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre
las columnas. 7:3 Y estaba cubierta de tablas de cedro arriba sobre
las vigas, que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas; cada hilera tenía
quince columnas. 7:4 Y había tres hileras de ventanas, una ventana
contra la otra en tres hileras. 7:5 Todas las puertas y los postes
eran cuadrados; y unas ventanas estaban frente a las otras en tres
hileras. 7:6 También hizo un pórtico de columnas, que tenía cincuenta
codos de largo y treinta codos de ancho; y este pórtico estaba
delante de las primeras, con sus columnas y maderos correspondientes.
7:7 Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, el pórtico
del juicio, y lo cubrió de cedro del suelo al techo. 7:8 Y la casa en
que él moraba, en otro atrio dentro del pórtico, era de obra semejante a ésta.
Edificó también Salomón para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, una casa de hechura semejante a la del pórtico. 7:9
Todas aquellas obras fueron de piedras costosas, cortadas y ajustadas con
sierras según las medidas, así por dentro como por fuera, desde el cimiento
hasta los remates, y asimismo por fuera hasta el gran atrio. 7:10 El
cimiento era de piedras costosas, piedras grandes, piedras de diez codos y piedras
de ocho codos. 7:11 De allí hacia arriba eran
también piedras costosas, labradas conforme a sus medidas, y madera de
cedro. 7:12 Y en el gran atrio alrededor había tres hileras de piedras
labradas, y una hilera de vigas de cedro; y así también el atrio interior de la
casa de Jehová, y el atrio de la casa.
Salomón emplea a Hiram, de Tiro (2 Cr. 2. 13-14; 3. 15-17)
7:13 Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram, 7:14
hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era
de Tiro; e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de
bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra. 7:15 Y
vació dos columnas de bronce; la altura de cada una era de dieciocho codos,
y rodeaba a una y otra un hilo de doce codos. 7:16 Hizo
también dos capiteles de fundición de bronce, para que fuesen puestos sobre las
cabezas de las columnas; la altura de un capitel era de cinco codos, y la
del otro capitel también de cinco codos. 7:17 Había
trenzas a manera de red, y unos cordones a manera de cadenas, para los capiteles
que se habían de poner sobre las cabezas de las columnas; siete para cada
capitel. 7:18 Hizo también dos hileras de granadas alrededor de la
red, para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con
las granadas; y de la misma forma hizo en el otro capitel. 7:19 Los
capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico, tenían forma de lirios,
y eran de cuatro codos. 7:20 Tenían también los capiteles de las dos columnas,
doscientas granadas en dos hileras alrededor en cada capitel, encima de su
globo, el cual estaba rodeado por la red. 7:21 Estas columnas erigió
en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le
puso por nombre Jaquín, y alzando la columna del lado izquierdo, llamó su nombre
Boaz. 7:22 Y puso en las cabezas de las columnas tallado en forma de
lirios, y así se acabó la obra de las columnas.
Mobiliario del templo (2 Cr. 4. 1—5.
1)
7:23 Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente redondo; su altura era de cinco
codos, y lo ceñía alrededor un cordón de treinta codos. 7:24 Y
rodeaban aquel mar por debajo de su borde alrededor unas bolas como calabazas,
diez en cada codo, que ceñían el mar alrededor en dos filas, las cuales habían sido
fundidas cuando el mar fue fundido. 7:25 Y descansaba sobre doce
bueyes; tres miraban al norte, tres miraban al occidente, tres miraban al sur, y
tres miraban al oriente; sobre estos se apoyaba el mar, y las ancas de ellos
estaban hacia la parte de adentro. 7:26 El grueso del mar era de un
palmo menor, y el borde era labrado como el borde de un cáliz o de
flor de lis; y cabían en él dos mil batos. 7:27 Hizo también diez
basas de bronce, siendo la longitud de cada basa de cuatro codos, y la
anchura de cuatro codos, y de tres codos la altura.
7:28 La obra de las basas era esta: tenían unos tableros, los cuales estaban
entre molduras; 7:29 y sobre aquellos tableros que estaban entre las
molduras, había figuras de leones, de bueyes y de querubines; y sobre las
molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes, había
unas añadiduras de bajo relieve. 7:30 Cada basa tenía cuatro ruedas de
bronce, con ejes de bronce, y en sus cuatro esquinas había repisas de fundición
que sobresalían de los festones, para venir a quedar debajo de la fuente.
7:31 Y la boca de la fuente entraba un codo en el remate que salía para arriba
de la basa; y la boca era
redonda, de la misma hechura del remate, y éste de codo y medio. Había también
sobre la boca entalladuras con sus tableros, los cuales eran cuadrados, no
redondos. 7:32 Las cuatro ruedas estaban debajo de los tableros, y los
ejes de las ruedas nacían en la misma basa. La altura de cada rueda era de un
codo y medio. 7:33 Y la forma de las ruedas era como
la de las ruedas de un carro; sus ejes, sus rayos, sus cubos y sus cinchos, todo
era de fundición. 7:34 Asimismo las cuatro repisas de las cuatro
esquinas de cada basa; y las repisas eran parte de la misma basa. 7:35
Y en lo alto de la basa había una pieza redonda de medio codo de altura,
y encima de la basa sus molduras y tableros, los cuales
salían de ella misma. 7:36 E hizo en las tablas de las molduras, y en
los tableros, entalladuras de querubines, de leones y de palmeras, con
proporción en el espacio de cada una, y alrededor otros adornos. 7:37
De esta forma hizo diez basas, fundidas de una misma manera, de una misma medida
y de una misma entalladura. 7:38 Hizo también diez fuentes de
bronce; cada fuente contenía cuarenta batos, y cada
una era de cuatro codos; y colocó una fuente sobre cada una
de las diez basas. 7:39 Y puso cinco basas a la mano derecha de la
casa, y las otras cinco a la mano izquierda; y colocó el mar al lado derecho de
la casa, al oriente, hacia el sur. 7:40 Asimismo hizo Hiram fuentes, y
tenazas, y cuencos. Así terminó toda la obra que hizo a Salomón para la casa de
Jehová: 7:41 dos columnas, y los capiteles redondos que estaban en lo
alto de las dos columnas; y dos redes que cubrían los dos capiteles redondos que
estaban sobre la cabeza de las columnas; 7:42 cuatrocientas granadas
para las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para cubrir los dos
capiteles redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas; 7:43
las diez basas, y las diez fuentes sobre las basas; 7:44 un mar, con
doce bueyes debajo del mar; 7:45 y calderos, paletas, cuencos, y todos
los utensilios que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Jehová, de bronce
bruñido. 7:46 Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del Jordán, en
tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán. 7:47 Y no inquirió Salomón el
peso del bronce de todos los utensilios, por la gran cantidad de ellos.
7:48 Entonces hizo Salomón todos los enseres que pertenecían a la casa de
Jehová: un altar de oro, y una mesa también de oro, sobre la cual estaban los panes de la proposición; 7:49
cinco candeleros de oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda,
frente al lugar santísimo; con las flores, las lámparas y tenazas de oro.
7:50 Asimismo los cántaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e
incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la
casa de adentro, del lugar santísimo, y los de las puertas del templo.
7:51 Así se terminó toda la obra que dispuso hacer el rey Salomón para la
casa de Jehová. Y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, plata, oro y utensilios; y depositó todo en las tesorerías de la
casa de Jehová.
Capítulo
8 Salomón traslada el arca al
templo (2 Cr.
5.2-14)
8:1
Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos
los jefes de las tribus, y a los principales de las familias de los hijos de
Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es Sion. 8:2 Y se reunieron con el rey Salomón
todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el
día de la fiesta solemne. 8:3 Y vinieron todos los ancianos de Israel,
y los sacerdotes tomaron el arca. 8:4 Y llevaron el arca de Jehová, y
el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el
tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas. 8:5 Y el
rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él,
estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la
multitud no se podían contar ni numerar. 8:6 Y los sacerdotes metieron
el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar
santísimo, debajo de las alas de los querubines. 8:7 Porque los querubines
tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines
el arca y sus varas por encima. 8:8 Y sacaron las varas, de manera que
sus extremos se dejaban ver desde el lugar santo, que está delante del lugar
santísimo, pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron hasta
hoy. 8:9 En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra
que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron
de la tierra de Egipto. 8:10 Y cuando los sacerdotes salieron del
santuario, la nube llenó la casa de Jehová. 8:11 Y los sacerdotes no
pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de
Jehová había llenado la casa de Jehová.
Dedicación del templo (2 Cr.
6.1—7.10)
8:12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la
oscuridad. 8:13 Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que
tú habites para siempre. 8:14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a
toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de
pie. 8:15 Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a
David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo: 8:16 Desde el
día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las
tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque
escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel. 8:17 Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al
nombre de Jehová Dios de Israel. 8:18 Pero Jehová dijo a David mi
padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has
hecho en tener tal deseo. 8:19 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de
tus lomos, él edificará casa a mi nombre. 8:20 Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque
yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de
Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios
de Israel. 8:21 Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual
está el pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la
tierra de Egipto. 8:22 Luego se puso Salomón delante del altar de
Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos
al cielo, 8:23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni
arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la
misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su
corazón; 8:24 que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le
prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede
en este día. 8:25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu
siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón
delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos
guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí.
8:26 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste
a tu siervo David mi padre. 8:27 Pero ¿es verdad que Dios morará sobre
la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden
contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado? 8:28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su
plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace
hoy delante de ti; 8:29 que estén tus ojos abiertos de noche y de día
sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.
8:30 Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren
en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos;
escucha y perdona. 8:31 Si alguno pecare contra su prójimo, y le
tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar
en esta casa; 8:32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a
tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza,
y justificando al justo para darle conforme a su justicia. 8:33 Si tu
pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra
ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y
suplicaren en esta casa, 8:34 tú oirás en los cielos, y perdonarás el
pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus
padres. 8:35 Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos
pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se
volvieren del pecado, cuando los afligieres, 8:36 tú oirás en los
cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel,
enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la
cual diste a tu pueblo por heredad. 8:37 Si en la tierra hubiere
hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los
sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que
sea; 8:38 toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o
todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y
extendiere sus manos a esta casa, 8:39 tú oirás en los cielos, en el
lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus
caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los
hijos de los hombres); 8:40 para que te teman todos los días que vivan
sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres. 8:41
Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas
tierras a causa de tu nombre 8:42 (pues oirán de tu gran nombre, de tu
mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa,
8:43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a
todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los
pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y
entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.
8:44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que
tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste,
y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre, 8:45 tú oirás en los
cielos su oración y su súplica, y les harás justicia. 8:46 Si pecaren
contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos,
y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra
enemiga, sea lejos o cerca, 8:47 y ellos volvieren en sí en la tierra
donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que
los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido
impiedad; 8:48 y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda
su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y
oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la
ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, 8:49
tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les
harás justicia. 8:50 Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra
ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que
tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos;
8:51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto,
de en medio del horno de hierro. 8:52 Estén, pues, atentos tus ojos a
la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo
aquello por lo cual te invocaren; 8:53 porque tú los apartaste para ti
como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por
medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor
Jehová. 8:54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración
y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus
manos extendidas al cielo; 8:55 y puesto en pie, bendijo a toda la
congregación de Israel, diciendo en voz alta: 8:56 Bendito sea Jehová,
que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho;
ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha
faltado. 8:57 Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con
nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje. 8:58 Incline nuestro
corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus
mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros
padres. 8:59 Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová,
estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la
causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo; 8:60
a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no
hay otro. 8:61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová
nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el
día de hoy. 8:62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron
víctimas delante de Jehová. 8:63 Y ofreció Salomón sacrificios de paz,
los cuales ofreció a Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas.
Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.
8:64 Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba
delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas
y la grosura de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba
delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y
la grosura de los sacrificios de paz. 8:65 En aquel tiempo Salomón
hizo fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en
Hamat hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y
aun por otros siete días, esto es, por catorce días. 8:66 Y al octavo
día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas
alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a
David su siervo y a su pueblo Israel.
Capítulo
9 Pacto de Dios con
Salomón (2 Cr. 7.
11-22)
9:1
Cuando Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo
lo que Salomón quiso hacer, 9:2 Jehová apareció a Salomón la segunda
vez, como le había aparecido en Gabaón. 9:3 Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has
hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para
poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón
todos los días. 9:4 Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David
tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo
te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, 9:5 yo
afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu
padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel. 9:6 Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y
vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he
puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los
adorareis; 9:7 yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que
les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de
delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos;
9:8 y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se
asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a
esta casa? 9:9 Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había
sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los
adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este
mal.
Otras actividades de Salomón (2 Cr. 8.
1-18)
9:10 Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya había edificado las
dos casas, la casa de Jehová y la casa real, 9:11 para las cuales
Hiram rey de Tiro había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y cuanto
oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de
Galilea. 9:12 Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón
le había dado, y no le gustaron. 9:13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas
que me has dado, hermano? Y les puso por nombre, la tierra de Cabul, nombre que
tiene hasta hoy. 9:14 E Hiram había enviado al rey ciento veinte
talentos de oro. 9:15 Esta es la razón de la leva que el rey
Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el
muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer: 9:16 Faraón el rey de
Egipto había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los cananeos
que habitaban la ciudad, y la dio en dote a su hija la mujer de Salomón.
9:17 Restauró, pues, Salomón a Gezer y a la baja Bet-horón, 9:18 a
Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto; 9:19 asimismo todas las
ciudades donde Salomón tenía provisiones, y las ciudades de los carros, y las
ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en
Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío. 9:20 A
todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y
jebuseos, que no eran de los hijos de Israel; 9:21 a sus hijos que
quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron
acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy. 9:22 Mas a
ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de
guerra, o sus criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de sus carros,
o su gente de a caballo. 9:23 Y los que Salomón había hecho jefes y
vigilantes sobre las obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban sobre
el pueblo que trabajaba en aquella obra. 9:24 Y subió la hija de
Faraón de la ciudad de David a su casa que Salomón le había edificado; entonces
edificó él a Milo. 9:25 Y ofrecía Salomón tres veces cada año  holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a
Jehová, y quemaba incienso sobre el que estaba delante de Jehová, después que la
casa fue terminada. 9:26 Hizo también el rey Salomón naves en
Ezión-geber, que está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de
Edom. 9:27 Y envió Hiram en ellas a sus siervos, marineros y diestros
en el mar, con los siervos de Salomón, 9:28 los cuales fueron a Ofir y
tomaron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomón.
Capítulo 10La reina de Sabá visita a Salomón (2 Cr. 9.
1-12)
10:1
Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino
a probarle con preguntas difíciles. 10:2 Y vino a Jerusalén con un
séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia,
y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su
corazón tenía. 10:3 Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada
hubo que el rey no le contestase. 10:4 Y cuando la reina de Sabá vio
toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, 10:5
asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y
los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que
ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada. 10:6 Y dijo al rey:
Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; 10:7
pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me
dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había
oído. 10:8 Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos,
que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. 10:9
Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de
Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que
hagas derecho y justicia. 10:10 Y dio ella al rey ciento veinte
talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran
cantidad de especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón. 10:11
La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha
madera de sándalo, y piedras preciosas. 10:12 Y de la madera de
sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las casas reales,
arpas también y salterios para los cantores; nunca vino semejante madera de
sándalo, ni se ha visto hasta hoy. 10:13 Y el rey Salomón dio a la
reina de Sabá todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que
Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.
Riquezas y fama de Salomón (2 Cr. 9.
13-24)
10:14 El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos
sesenta y seis talentos de oro; 10:15 sin lo de los mercaderes, y lo de la contratación de
especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la
tierra. 10:16 Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes
de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo. 10:17 Asimismo hizo trescientos
escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el
rey los puso en la casa del bosque del Líbano. 10:18 Hizo también el
rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo. 10:19
Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno
y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados
dos leones. 10:20 Estaban también doce leones puestos allí sobre las
seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono
semejante. 10:21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de
oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro
fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada.
10:22 Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la
flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro,
plata, marfil, monos y pavos reales. 10:23 Así excedía el rey Salomón
a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría. 10:24 Toda
la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había
puesto en su corazón. 10:25 Y todos le llevaban cada año sus
presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas,
caballos y mulos.
Salomón comercia en caballos y en carros (2 Cr. 1. 14-17; 9. 25-28)
10:26 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos
carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en
Jerusalén. 10:27 E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser
como piedras, y los cedros como cabrahigos de la Sefela en abundancia.
10:28 Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y
lienzos. 10:29 Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas
piezas de plata, y el caballo por ciento cincuenta; y así los adquirían por mano
de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.
Capítulo
11 Apostasía y dificultades
de Salomón
11:1
Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres
extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a
las heteas; 11:2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos
de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque
ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. 11:3 Y tuvo
setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su
corazón. 11:4 Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su
corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios,
como el corazón de su padre David. 11:5 Porque Salomón siguió a
Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los
amonitas. 11:6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no
siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. 11:7 Entonces
edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte
que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de
Amón. 11:8 Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales
quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. 11:9 Y se enojó
Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de
Israel, que se le había aparecido dos veces, 11:10 y le había mandado
acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le
mandó Jehová. 11:11 Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto
en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti
el reino, y lo entregaré a tu siervo. 11:12 Sin embargo, no lo haré en
tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo.
11:13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por
amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.
11:14 Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita, de sangre
real, el cual estaba en Edom. 11:15 Porque cuando David estaba en
Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a
todos los varones de Edom 11:16 (porque seis meses habitó allí Joab, y
todo Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom),
11:17 Hadad huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su
padre, y se fue a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño. 11:18 Y
se levantaron de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán,
vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló
alimentos, y aun les dio tierra. 11:19 Y halló Hadad gran favor
delante de Faraón, el cual le dio por mujer la hermana de su esposa, la hermana
de la reina Tahpenes. 11:20 Y la hermana de Tahpenes le dio a luz su
hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba Genubat en
casa de Faraón entre los hijos de Faraón. 11:21 Y oyendo Hadad en
Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del
ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra. 11:22 Faraón le
respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? El
respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir. 11:23 Dios
también levantó por adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, el cual
había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba. 11:24 Y había juntado
gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo
a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron rey en
Damasco. 11:25 Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y
fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre
Siria. 11:26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo
de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra
el rey. 11:27 La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue
esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su
padre. 11:28 Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo
Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de
José. 11:29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de
Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba
cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.
11:30 Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce
pedazos, 11:31 y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos;
porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano
de Salomón, y a ti te daré diez tribus; 11:32 y él tendrá una tribu
por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de
todas las tribus de Israel; 11:33 por cuanto me han dejado, y han
adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios
de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante
de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.
11:34 Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por
rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y
quien guardó mis mandamientos y mis estatutos. 11:35 Pero quitaré el
reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus. 11:36 Y
a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días
delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi
nombre. 11:37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las
cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel. 11:38 Y si
prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e
hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis
mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa
firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel. 11:39 Y
yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para
siempre. 11:40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero
Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto
hasta la muerte de Salomón.
Muerte de Salomón (2 Cr.
9.29-31)
11:41 Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no
está escrito en el libro de los hechos de Salomón? 11:42 Los días que
Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años.
11:43 Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su
padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.
Capítulo
12 Rebelión de Israel
(2 Cr.
10.1—11.4)
12:1
Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey.
12:2 Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en
Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en
Egipto, 12:3 enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la
congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 12:4 Tu padre
agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu
padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.
12:5 Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se
fue. 12:6 Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que
habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis
vosotros que responda a este pueblo? 12:7 Y ellos le hablaron
diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y
respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para
siempre. 12:8 Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado,
y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de
él. 12:9 Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este
pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso
sobre nosotros? 12:10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él
le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas
palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les
hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi
padre. 12:11 Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo
añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con
escorpiones. 12:12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a
Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer
día. 12:13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo
que los ancianos le habían dado; 12:14 y les habló conforme al consejo
de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a
vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con
escorpiones. 12:15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de
Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías
silonita a Jeroboam hijo de Nabat. 12:16 Cuando todo el pueblo vio que
el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte
tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a
tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus
tiendas. 12:17 Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban
en las ciudades de Judá. 12:18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que
estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey
Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén. 12:19 Así
se apartó Israel de la casa de David hasta hoy. 12:20 Y aconteció que
oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la
congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que
siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá. 12:21 Y cuando
Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín,
ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la
casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.
12:22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo:
12:23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá
y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo: 12:24 Así ha dicho
Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel;
volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la
palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.
El pecado de Jeroboam
12:25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en
ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel. 12:26 Y dijo Jeroboam en
su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, 12:27 si
este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén;
porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me
matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. 12:28 Y habiendo
tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante
habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron
subir de la tierra de Egipto. 12:29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. 12:30
Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta
Dan. 12:31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo
sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. 12:32
Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días
del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó
sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que
había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él
había fabricado. 12:33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había
hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado
de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar
incienso.
Capítulo 13Un profeta de Judá amonesta a Jeroboam
13:1
He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y
estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, 13:2 aquél clamó
contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová:
He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual
sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti
incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. 13:3 Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la
señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza
que sobre él está se derramará. 13:4 Cuando el rey Jeroboam oyó la
palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el,
extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había
extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar. 13:5 Y el
altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el
varón de Dios había dado por palabra de Jehová. 13:6 Entonces
respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la
presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada.
Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como
era antes. 13:7 Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y
comerás, y yo te daré un presente. 13:8 Pero el varón de Dios dijo al
rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni
bebería agua en este lugar. 13:9 Porque así me está ordenado por
palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el
camino que fueres. 13:10 Regresó, pues, por otro camino, y no volvió
por el camino por donde había venido a Bet-el. 13:11 Moraba entonces
en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón
de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las
palabras que había hablado al rey. 13:12 Y su padre les dijo: ¿Por qué
camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el
varón de Dios que había venido de Judá. 13:13 Y él dijo a sus hijos:
Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó.
13:14 Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina,
y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy.
13:15 Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan. 13:16 Mas
él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni
beberé agua contigo en este lugar. 13:17 Porque por palabra de Dios me
ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por
donde fueres. 13:18 Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy
profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo:
Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua. 13:19
Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua. 13:20 Y
aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le
había hecho volver. 13:21 Y clamó al varón de Dios que había venido de
Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de
Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había
prescrito, 13:22 sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el
lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no
entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. 13:23 Cuando había
comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno.
13:24 Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba
echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al
cuerpo. 13:25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que
estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y
lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba. 13:26
Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios
es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al
león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le
dijo. 13:27 Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y
ellos se lo ensillaron. 13:28 Y él fue, y halló el cuerpo tendido en
el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había
comido el cuerpo, ni dañado al asno. 13:29 Entonces tomó el profeta el
cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta
viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. 13:30 Y puso el
cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío!
13:31 Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo:
Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de
Dios; poned mis huesos junto a los suyos. 13:32 Porque sin duda vendrá
lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el,
y contra todas las cosas de los lugares altos que están en las ciudades de
Samaria. 13:33 Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino,
sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a
quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares
altos. 13:34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo
cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.
Capítulo 14Profecía de Ahías contra Jeroboam
14:1
En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo. 14:2 Y dijo
Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que
eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el
que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo. 14:3 Y toma en
tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te
declare lo que ha de ser de este niño. 14:4 Y la mujer de Jeroboam lo
hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver
Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez. 14:5
Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a
consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando
ella viniere, vendrá disfrazada. 14:6 Cuando Ahías oyó el sonido de
sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué
te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura. 14:7
Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de
en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel, 14:8 y
rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como
David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su
corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos, 14:9 sino
que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te
hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste
tras tus espaldas; 14:10 por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la
casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el
libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el
estiércol, hasta que sea acabada. 14:11 El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán
los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque
Jehová lo ha dicho. 14:12 Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner
tu pie en la ciudad, morirá el niño. 14:13 Y todo Israel lo endechará,
y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto
se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la
casa de Jeroboam. 14:14 Y Jehová levantará para sí un rey sobre
Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora
mismo. 14:15 Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en
las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus
padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes
de Asera, enojando a Jehová. 14:16 Y él entregará a Israel por los
pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel. 14:17
Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando
ella por el umbral de la casa, el niño murió. 14:18 Y lo enterraron, y
lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había
hablado por su siervo el profeta Ahías. 14:19 Los demás hechos de
Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de
las historias de los reyes de Israel. 14:20 El tiempo que reinó
Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su
lugar Nadab su hijo.
Reinado de Roboam (2 Cr.
12.1-16)
14:21 Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam
cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que Jehová
eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su
madre fue Naama, amonita. 14:22 Y Judá hizo lo malo ante los ojos de
Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados
que cometieron. 14:23 Porque ellos también se edificaron lugares
altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo
árbol frondoso. 14:24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las
naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. 14:25
Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén, 14:26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros
de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que
Salomón había hecho. 14:27 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de
bronce, y los dio a los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la
puerta de la casa real. 14:28 Cuando el rey entraba en la casa de
Jehová, los de la guardia los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la
guardia. 14:29 Los demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no
está escrito en las crónicas de los reyes de Judá? 14:30 Y hubo guerra
entre Roboam y Jeroboam todos los días. 14:31 Y durmió Roboam con sus
padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su
madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.
Capítulo 15Reinado de Abiam (2 Cr.
13.1-22)
15:1
En el año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre
Judá, 15:2 y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Maaca,
hija de Abisalom. 15:3 Y anduvo en todos los pecados que su padre
había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová su Dios,
como el corazón de David su padre. 15:4 Mas por amor a David, Jehová
su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y sosteniendo a
Jerusalén; 15:5 por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de
Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de
su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo. 15:6 Y hubo guerra entre Roboam, y Jeroboam todos los días de
su vida. 15:7 Los demás hechos de Abiam, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre
Abiam y Jeroboam. 15:8 Y durmió Abiam con sus padres, y lo sepultaron
en la ciudad de David; y reinó Asa su hijo en su lugar.
Reinado de Asa (2 Cr. 14.1-5; 15.16-19)
15:9 En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre
Judá. 15:10 Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de su
madre fue Maaca, hija de Abisalom. 15:11 Asa hizo lo recto ante los
ojos de Jehová, como David su padre. 15:12 Porque quitó del país a los
sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho. 15:13 También privó a su madre Maaca de ser reina madre,
porque había hecho un ídolo de Asera. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y
lo quemó junto al torrente de Cedrón. 15:14 Sin embargo, los lugares
altos no se quitaron. Con todo, el corazón de Asa fue perfecto para con Jehová
toda su vida. 15:15 También metió en la casa de Jehová lo que su padre
había dedicado, y lo que él dedicó: oro, plata y alhajas.
Alianza de Asa con Ben-adad (2 Cr.
16.1-10)
15:16 Hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de
ambos. 15:17 Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a
Ramá, para no dejar a ninguno salir ni entrar a Asa rey de Judá. 15:18
Entonces tomando Asa toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros de
la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, los entregó a sus siervos, y
los envió el rey Asa a Ben-adad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria,
el cual residía en Damasco, diciendo: 15:19 Haya alianza entre
nosotros, como entre mi padre y el tuyo. He aquí yo te envío un presente de
plata y de oro; ve, y rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que se aparte
de mí. 15:20 Y Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los
príncipes de los ejércitos que tenía contra las ciudades de Israel, y conquistó
Ijón, Dan, Abel-bet-maaca, y toda Cineret, con toda la tierra de Neftalí.
15:21 Oyendo esto Baasa, dejó de edificar a Ramá, y se quedó en Tirsa.
15:22 Entonces el rey Asa convocó a todo Judá, sin exceptuar a ninguno; y
quitaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y edificó el rey
Asa con ello a Geba de Benjamín, y a Mizpa.
Muerte de Asa (2 Cr.
16.11-14)
15:23 Los demás hechos de Asa, y todo su poderío, y todo lo que hizo, y las
ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los
reyes de Judá? Mas en los días de su vejez enfermó de los pies. 15:24
Y durmió Asa con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su
padre; y reinó en su lugar Josafat su hijo.
Reinado de Nadab
15:25 Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año
de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años. 15:26 E hizo lo
malo ante los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en los pecados
con que hizo pecar a Israel. 15:27 Y Baasa hijo de Ahías, el cual era
de la casa de Isacar, conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era
de los filisteos; porque Nadab y todo Israel tenían sitiado a Gibetón.
15:28 Lo mató, pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en
lugar suyo. 15:29 Y cuando él vino al reino, mató a toda la casa de
Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a
la palabra que Jehová habló por su siervo Ahías silonita; 15:30 por los pecados que Jeroboam había cometido, y con los
cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo a
Jehová Dios de Israel. 15:31 Los demás hechos de Nadab, y todo lo que
hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel? 15:32 Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el
tiempo de ambos.
Reinado de Baasa
15:33 En el tercer año de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de
Ahías sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinticuatro años. 15:34 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su
pecado con que hizo pecar a Israel.
Capítulo
16
16:1
Y vino palabra de Jehová a Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo:
16:2 Por cuanto yo te levanté del polvo y te puse por príncipe sobre mi
pueblo Israel, y has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar a mi
pueblo Israel, provocándome a ira con tus pecados; 16:3 he aquí yo
barreré la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa; y pondré su casa
como la casa de Jeroboam hijo de Nabat. 16:4 El que de Baasa fuere
muerto en la ciudad, lo comerán los perros; y el que de él fuere muerto en el
campo, lo comerán las aves del cielo. 16:5 Los demás hechos de Baasa,
y las cosas que hizo, y su poderío, ¿no está todo escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Israel? 16:6 Y durmió Baasa con sus padres, y
fue sepultado en Tirsa, y reinó en su lugar Ela su hijo. 16:7 Pero la
palabra de Jehová por el profeta Jehú hijo de Hanani había sido contra Baasa y
también contra su casa, con motivo de todo lo malo que hizo ante los ojos de
Jehová, provocándole a ira con las obras de sus manos, para que fuese hecha como
la casa de Jeroboam; y porque la había destruido.
Reinados de Ela y de Zimri
16:8 En el año veintiséis de Asa rey de Judá comenzó a reinar Ela hijo de
Baasa sobre Israel en Tirsa; y reinó dos años. 16:9 Y conspiró contra
él su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando él en Tirsa,
bebiendo y embriagado en casa de Arsa su mayordomo en Tirsa, 16:10
vino Zimri y lo hirió y lo mató, en el año veintisiete de Asa rey de Judá; y
reinó en lugar suyo. 16:11 Y luego que llegó a reinar y estuvo sentado
en su trono, mató a toda la casa de Baasa, sin dejar en ella varón, ni parientes
ni amigos. 16:12 Así exterminó Zimri a toda la casa de Baasa, conforme
a la palabra que Jehová había proferido contra Baasa por medio del profeta
Jehú, 16:13 por todos los pecados de Baasa y los pecados de Ela su
hijo, con los cuales ellos pecaron e hicieron pecar a Israel, provocando a enojo
con sus vanidades a Jehová Dios de Israel. 16:14 Los demás hechos de
Ela, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de
los reyes de Israel? 16:15 En el año veintisiete de Asa rey de Judá,
comenzó a reinar Zimri, y reinó siete días en Tirsa; y el pueblo había acampado
contra Gibetón, ciudad de los filisteos. 16:16 Y el pueblo que estaba
en el campamento oyó decir: Zimri ha conspirado, y ha dado muerte al rey.
Entonces todo Israel puso aquel mismo día por rey sobre Israel a Omri, general
del ejército, en el campo de batalla. 16:17 Y subió Omri de Gibetón, y
con él todo Israel, y sitiaron a Tirsa. 16:18 Mas viendo Zimri tomada
la ciudad, se metió en el palacio de la casa real, y prendió fuego a la casa
consigo; y así murió, 16:19 por los pecados que había cometido,
haciendo lo malo ante los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam,
y en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel. 16:20 El resto de
los hechos de Zimri, y la conspiración que hizo, ¿no está todo escrito en el
libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Reinado de Omri
16:21 Entonces el pueblo de Israel fue dividido en dos partes: la mitad del
pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, y la otra mitad seguía a
Omri. 16:22 Mas el pueblo que seguía a Omri pudo más que el que seguía
a Tibni hijo de Ginat; y Tibni murió, y Omri fue rey. 16:23 En el año
treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y reinó
doce años; en Tirsa reinó seis años. 16:24 Y Omri compró a Semer el
monte de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte; y llamó el nombre de la ciudad que edificó,
Samaria, del nombre de Semer, que fue dueño de aquel monte. 16:25 Y
Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían
reinado antes de él; 16:26 pues anduvo en todos los caminos de
Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel,
provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos. 16:27 Los
demás hechos de Omri, y todo lo que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está
todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 16:28
Y Omri durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y reinó en lugar suyo
Acab su hijo.
Reinado de Acab
16:29 Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho
de Asa rey de Judá. 16:30 Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en
Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de
Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. 16:31 Porque le
fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer
a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo
adoró. 16:32 E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó
en Samaria. 16:33 Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así
Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar
la ira de Jehová Dios de Israel. 16:34 En su tiempo Hiel de Bet-el
reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el
cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas,
conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun.
Capítulo 17Elías predice la sequía
17:1
Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive
Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en
estos años, sino por mi palabra. 17:2 Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: 17:3
Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que
está frente al Jordán. 17:4 Beberás del arroyo; y yo he mandado a los
cuervos que te den allí de comer. 17:5 Y él fue e hizo conforme a la
palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está
frente al Jordán. 17:6 Y los cuervos le traían pan y carne por la
mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. 17:7 Pasados algunos
días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.
Elías y la viuda de Sarepta
17:8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: 17:9 Levántate,
vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer
viuda que te sustente. 17:10 Entonces él se levantó y se fue a
Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que
estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas
un poco de agua en un vaso, para que beba. 17:11 Y yendo ella para
traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un
bocado de pan en tu mano. 17:12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios,
que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un
poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y
prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
17:13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a
mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y
después harás para ti y para tu hijo. 17:14 Porque Jehová Dios de
Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la
vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la
tierra. 17:15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él,
y ella, y su casa, muchos días. 17:16 Y la harina de la tinaja no
escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová
había dicho por Elías. 17:17 Después de estas cosas aconteció que cayó
enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó
en él aliento. 17:18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón
de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer
morir a mi hijo? 17:19 El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo
tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su
cama. 17:20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la
viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo?
17:21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová
Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 17:22 Y
Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.
17:23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio
a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive. 17:24 Entonces la
mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de
Jehová es verdad en tu boca.
Capítulo 18Elías regresa a ver a Acab
18:1
Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo:
Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra. 18:2
Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria.
18:3 Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso
de Jehová. 18:4 Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de
Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en
cuevas, y los sustentó con pan y agua. 18:5 Dijo, pues, Acab a Abdías:
Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si
acaso hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las
mulas, para que no nos quedemos sin bestias. 18:6 Y dividieron entre
sí el país para recorrerlo; Acab fue por un camino, y Abdías fue separadamente
por otro. 18:7 Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y
cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo: ¿No eres tú mi señor
Elías? 18:8 Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está
Elías. 18:9 Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu
siervo en mano de Acab para que me mate? 18:10 Vive Jehová tu Dios,
que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y
todos han respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho jurar
que no te han hallado. 18:11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí
está Elías? 18:12 Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu
de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab,
al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su juventud.
18:13 ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los
profetas de Jehová; que escondí a cien varones de los profetas de Jehová de
cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua? 18:14
¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías; para que él me mate?
18:15 Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia
estoy, que hoy me mostraré a él. 18:16 Entonces Abdías fue a
encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y Acab vino a encontrarse con
Elías. 18:17 Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas
a Israel? 18:18 Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y
la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los
baales. 18:19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el
monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los
cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
Elías y los profetas de Baal
18:20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los
profetas en el monte Carmelo. 18:21 Y acercándose Elías a todo el
pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si
Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió
palabra. 18:22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado
profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta
hombres. 18:23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y
córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo
prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré
debajo. 18:24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y
yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego,
ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 18:25
Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo
vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses,
mas no pongáis fuego debajo. 18:26 Y ellos tomaron el buey que les fue
dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el
mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese;
entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
18:27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo:
Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo,
o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 18:28 Y ellos
clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a
su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 18:29 Pasó el
mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse
el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni
escuchase. 18:30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí.
Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba
arruinado. 18:31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de
las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová
diciendo, Israel será tu nombre, 18:32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová;
después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.
18:33 Preparó luego la leña, y cortó el buey
en pedazos, y lo puso sobre la leña. 18:34 Y dijo: Llenad cuatro
cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo:
Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo
hicieron la tercera vez, 18:35 de manera que el agua corría alrededor
del altar, y también se había llenado de agua la zanja. 18:36 Cuando
llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo:
Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres
Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas
estas cosas. 18:37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca
este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de
ellos. 18:38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto,
la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la
zanja. 18:39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová
es el Dios, Jehová es el Dios! 18:40 Entonces Elías les dijo: Prended
a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y
los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
Elías ora por lluvia
18:41 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande
se oye. 18:42 Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre
del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.
18:43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y
miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.
18:44 A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la
mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y
desciende, para que la lluvia no te ataje. 18:45 Y aconteció, estando
en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran
lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. 18:46 Y la mano de
Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab
hasta llegar a Jezreel.
Capítulo
19 Elías huye a Horeb
19:1
Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había
matado a espada a todos los profetas. 19:2 Entonces envió Jezabel a
Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si
mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.
19:3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y
vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 19:4 Y él
se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro;
y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo
mejor que mis padres. 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó
dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.
19:6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las
ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.
19:7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo:
Levántate y come, porque largo camino te resta. 19:8 Se levantó, pues,
y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y
cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 19:9 Y allí se metió en
una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo:
¿Qué haces aquí, Elías? 19:10 El respondió: He sentido un vivo celo
por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu
pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo
yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 19:11 El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de
Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía
los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el
viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el
terremoto. 19:12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba
en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 19:13 Y
cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la
puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí,
Elías? 19:14 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de
los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus
altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan
para quitarme la vida. 19:15 Y le dio Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el
desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 19:16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea
profeta en tu lugar. 19:17 Y el que escapare de la espada de Hazael,
Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.
19:18 Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se
doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.
Llamamiento de Eliseo
19:19 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce
yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él,
echó sobre él su manto. 19:20 Entonces dejando él los bueyes, vino
corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi
madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?
19:21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los
bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó
y fue tras Elías, y le servía.
Capítulo 20Acab derrota a los sirios
20:1
Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y
dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a Samaria, y la
combatió. 20:2 Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel,
diciendo: 20:3 Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y
tus mujeres y tus hijos hermosos son míos. 20:4 Y el rey de Israel
respondió y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que
tengo. 20:5 Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo
Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me
darás. 20:6 Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos,
los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán y llevarán
todo lo precioso que tengas. 20:7 Entonces el rey de Israel llamó a
todos los ancianos del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no
busca sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata
y por mi oro, y yo no se lo he negado. 20:8 Y todos los ancianos y
todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide.
20:9 Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi
señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo
hacer. Y los embajadores fueron, y le dieron la respuesta. 20:10 Y
Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los dioses, y aun me añadan,
que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me
sigue. 20:11 Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se
alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe. 20:12 Y
cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo
a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron contra la ciudad.
20:13 Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha
dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en
tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová. 20:14 Y respondió Acab:
¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los siervos de los
príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él
respondió: Tú. 20:15 Entonces él pasó revista a los siervos de los
príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego
pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete
mil. 20:16 Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y
embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían
venido en su ayuda. 20:17 Y los siervos de los príncipes de las
provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso,
diciendo: Han salido hombres de Samaria. 20:18 El entonces dijo: Si
han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos
vivos. 20:19 Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes
de las provincias, y en pos de ellos el ejército. 20:20 Y mató cada
uno al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y
el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de
caballería. 20:21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a
caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.
20:22 Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y
considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá
contra ti. 20:23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses
son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos
en la llanura, se verá si no los vencemos. 20:24 Haz, pues, así: Saca
a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos.
20:25 Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por
caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos
si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así. 20:26 Pasado un
año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios, y vino a Afec para pelear
contra Israel. 20:27 Los hijos de Israel fueron también
inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon
los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios
llenaban la tierra. 20:28 Vino entonces el varón de Dios al rey de
Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho:
Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta
gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová. 20:29
Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se
dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien
mil hombres de a pie. 20:30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y
el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben- adad
vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento. 20:31
Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de
Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros
lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por
ventura te salva la vida. 20:32 Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio,
y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo
Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi
hermano es. 20:33 Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se
apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive.
Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo
subir en un carro. 20:34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre
tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre
las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo,
pues, pacto con él, y le dejó ir. 20:35 Entonces un varón de los hijos
de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el
otro no quiso herirle. 20:36 El le dijo: Por cuanto no has obedecido a
la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y
cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. 20:37 Luego se
encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe,
y le hizo una herida. 20:38 Y el profeta se fue, y se puso delante del
rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos.
20:39 Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió
en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un
hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por
la suya, o pagarás un talento de plata. 20:40 Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra
cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu
sentencia; tú la has pronunciado. 20:41 Pero él se quitó de pronto la
venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los
profetas. 20:42 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste
de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el
suyo. 20:43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y
llegó a Samaria.
Capítulo
21 Acab y la viña de
Nabot
21:1
Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al
palacio de Acab rey de Samaria. 21:2 Y Acab habló a Nabot, diciendo:
Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te
daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su
valor en dinero. 21:3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que
yo te dé a ti la heredad de mis padres. 21:4 Y vino Acab a su casa
triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido,
diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió
su rostro, y no comió. 21:5 Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo:
¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes? 21:6 El respondió:
Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o
que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi
viña. 21:7 Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre
Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de
Jezreel. 21:8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las
selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban
en la ciudad con Nabot. 21:9 Y las cartas que escribió decían así:
Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo; 21:10 y poned a
dos hombres perversos delante de él, que atestigüen contra él y digan: Tú has
blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que
muera. 21:11 Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que
moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en
las cartas que ella les había enviado. 21:12 Y promulgaron ayuno, y
pusieron a Nabot delante del pueblo. 21:13 Vinieron entonces dos
hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos
atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a
Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió.
21:14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha
muerto. 21:15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y
muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la
quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto. 21:16
Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot
de Jezreel, para tomar posesión de ella. 21:17 Entonces vino palabra
de Jehová a Elías tisbita, diciendo: 21:18 Levántate, desciende a
encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la
viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella.
21:19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también
has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo
lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también
tu sangre, tu misma sangre. 21:20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has
hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a
hacer lo malo delante de Jehová. 21:21 He aquí yo traigo mal sobre ti,
y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab,
tanto el siervo como el libre en Israel. 21:22 Y pondré tu casa como
la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la
rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel.
21:23 De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a
Jezabel en el muro de Jezreel. 21:24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo
comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.
21:25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo
ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. 21:26 El
fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo
lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos
de Israel.) 21:27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó
sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo
humillado. 21:28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita,
diciendo: 21:29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí?
Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en
los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
Capítulo
22 Micaías profetiza la
derrota de Acab (2 Cr.
18.1-34)
22:1
Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. 22:2 Y
aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de
Israel. 22:3 Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que
Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano
del rey de Siria? 22:4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a
pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como
tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos. 22:5
Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de
Jehová. 22:6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como
cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de
Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano
del rey. 22:7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová,
por el cual consultemos? 22:8 El rey de Israel respondió a Josafat:
Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla;
mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y
Josafat dijo: No hable el rey así. 22:9 Entonces el rey de Israel
llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla.
22:10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en
su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la
puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
22:11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y
dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta
acabarlos. 22:12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera,
diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará
en mano del rey. 22:13 Y el mensajero que había ido a llamar a
Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz
anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de
alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. 22:14 Y Micaías
respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré. 22:15
Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de
Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la
entregará en mano del rey. 22:16 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas
veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de
Jehová? 22:17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los
montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa
en paz. 22:18 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo
dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el
mal. 22:19 Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a
Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él,
a su derecha y a su izquierda. 22:20 Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a
Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y
otro decía de otra. 22:21 Y salió un espíritu y se puso delante de
Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?
22:22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus
profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; vé, pues, y hazlo
así. 22:23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la
boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.
22:24 Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la
mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a
ti? 22:25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día,
cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte. 22:26
Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de
la ciudad, y a Joás hijo del rey; 22:27 y dirás: Así ha dicho el rey:
Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de
aflicción, hasta que yo vuelva en paz. 22:28 Y dijo Micaías: Si llegas
a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos
todos. 22:29 Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a
Ramot de Galaad. 22:30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me
disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel
se disfrazó, y entró en la batalla. 22:31 Mas el rey de Siria había
mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con
grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel. 22:32 Cuando
los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el
rey de Israel; y vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat
gritó. 22:33 Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el
rey de Israel, se apartaron de él. 22:34 Y un hombre disparó su arco a
la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por
lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy
herido. 22:35 Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey
estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la
herida corría por el fondo del carro. 22:36 Y a la puesta del sol
salió un pregón por el campamento, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual
a su tierra! 22:37 Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y
sepultaron al rey en Samaria. 22:38 Y lavaron el carro en el estanque
de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban
allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado. 22:39 El resto
de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y
todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de
los reyes de Israel? 22:40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su
lugar Ocozías su hijo.
Reinado de Josafat (2 Cr.
20.31-37)
22:41 Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de
Acab rey de Israel. 22:42 Era Josafat de treinta y cinco años cuando
comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre
fue Azuba hija de Silhi. 22:43 Y anduvo en todo el camino de Asa su
padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo
eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y
quemaba incienso en ellos. 22:44 Y Josafat hizo paz con el rey de
Israel. 22:45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las
guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá? 22:46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que
había quedado en el tiempo de su padre Asa. 22:47 No había entonces
rey en Edom; había gobernador en lugar de rey. 22:48 Josafat había
hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron,
porque se rompieron en Ezión-geber. 22:49 Entonces Ocozías hijo de
Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat
no quiso. 22:50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con
ellos en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.
Reinado de Ocozías de Israel
22:51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año
diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel.
22:52 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su
padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que
hizo pecar a Israel; 22:53 porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó
a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su
padre.
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