Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los CORINTIOS
Ir al Capítulo:
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 |
Capítulo 1Salutación
1:1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano
Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: 1:2
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Aflicciones de Pablo
1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de
misericordias y Dios de toda consolación, 1:4 el cual nos consuela
en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a
los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que
nosotros somos consolados por Dios. 1:5 Porque de la manera que
abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo
Cristo nuestra consolación. 1:6 Pero si somos atribulados, es para
vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra
consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones
que nosotros también padecemos. 1:7 Y nuestra esperanza respecto de
vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las
aflicciones, también lo sois en la consolación. 1:8 Porque hermanos,
no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en
Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas,
de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. 1:9
Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos
en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 1:10 el
cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan
gran muerte; 1:11 cooperando también vosotros a favor nuestro con la
oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por
el don concedido a nosotros por medio de muchos.
Por qué Pablo pospuso su visita a Corinto
1:12 Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia,
que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la
gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con
vosotros. 1:13 Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis,
o también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis; 1:14
como también en parte habéis entendido que somos vuestra gloria, así como
también vosotros la nuestra, para el día del Señor Jesús. 1:15 Con
esta confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda
gracia, 1:16 y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado
por vosotros a Judea. 1:17 Así que, al proponerme esto, ¿usé quizá
de ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya
en mí Sí y No? 1:18 Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a
vosotros no es Sí y No. 1:19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que
entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; 1:20 porque
todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros,
para la gloria de Dios. 1:21 Y el que nos confirma con vosotros en
Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 1:22 el cual también nos ha
sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.
1:23 Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser
indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. 1:24 No que
nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque
por la fe estáis firmes.
Capítulo
2
2:1 Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con
tristeza. 2:2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me
alegre, sino aquel a quien yo contristé? 2:3 Y esto mismo os
escribí, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de
quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de
todos vosotros. 2:4 Porque por la mucha tribulación y angustia del
corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino
para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.
Pablo perdona al ofensor
2:5 Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo,
sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. 2:6 Le basta
a tal persona esta reprensión hecha por muchos; 2:7 así que, al
contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea
consumido de demasiada tristeza. 2:8 Por lo cual os ruego que
confirméis el amor para con él. 2:9 Porque también para este fin os
escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.
2:10 Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he
perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de
Cristo, 2:11 para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros;
pues no ignoramos sus maquinaciones.
Ansiedad de Pablo en Troas
2:12 Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se
me abrió puerta en el Señor, 2:13 no tuve reposo en mi espíritu, por
no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para
Macedonia.
Triunfantes en Cristo
2:14 Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo
Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su
conocimiento. 2:15 Porque para Dios somos grato olor de Cristo en
los que se salvan, y en los que se pierden; 2:16 a éstos ciertamente
olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas
cosas, ¿quién es suficiente? 2:17 Pues no somos como muchos, que
medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte
de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.
Capítulo
3 Ministros del nuevo
pacto
3:1
¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad,
como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de
vosotros? 3:2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros
corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3:3 siendo
manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con
tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. 3:4 Y tal
confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 3:5 no que seamos
competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino
que nuestra competencia proviene de Dios, 3:6 el cual asimismo nos
hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el
espíritu vivifica. 3:7 Y si el ministerio de muerte grabado con
letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron
fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 3:8 ¿cómo no será más bien
con gloria el ministerio del espíritu? 3:9 Porque si el ministerio
de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de
justificación. 3:10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso
en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 3:11
Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que
permanece. 3:12 Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha
franqueza; 3:13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su
rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de
aquello que había de ser abolido. 3:14 Pero el entendimiento de
ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les
queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.
3:15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está
puesto sobre el corazón de ellos. 3:16 Pero cuando se conviertan al
Señor, el velo se quitará. 3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y
donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 3:18 Por tanto,
nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del
Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el
Espíritu del Señor.
Capítulo
4
4:1
Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos
recibido, no desmayamos. 4:2 Antes bien renunciamos a lo oculto y
vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino
por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana
delante de Dios. 4:3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto,
entre los que se pierden está encubierto; 4:4 en los cuales el dios
de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les
resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen
de Dios. 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a
Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de
Jesús. 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas
resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación
del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Viviendo por la fe
4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del
poder sea de Dios, y no de nosotros, 4:8 que estamos atribulados en
todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 4:9
perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
4:10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús,
para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
4:11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por
causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra
carne mortal. 4:12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en
vosotros la vida. 4:13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe,
conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
4:14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos
resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. 4:15
Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la
gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de
Dios. 4:16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro
hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día
en día. 4:17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en
nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 4:18 no
mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas
que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Capítulo 5
5:1
Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se
deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna,
en los cielos. 5:2 Y por esto también gemimos, deseando ser
revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 5:3 pues así
seremos hallados vestidos, y no desnudos. 5:4 Porque asimismo los
que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos
ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la
vida. 5:5 Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha
dado las arras del Espíritu. 5:6 Así que vivimos confiados siempre,
y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del
Señor 5:7 (porque por fe andamos, no por vista); 5:8 pero
confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al
Señor. 5:9 Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes,
serle agradables. 5:10 Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba
en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
El ministerio de la reconciliación
5:11 Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero
a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras
conciencias. 5:12 No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros,
sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué
responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón.
5:13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para
vosotros. 5:14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando
esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 5:15 y por
todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que
murió y resucitó por ellos. 5:16 De manera que nosotros de aquí en
adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según
la carne, ya no lo conocemos así. 5:17 De modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas. 5:18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió
consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no
tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la
palabra de la reconciliación. 5:20 Así que, somos embajadores en
nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en
nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 5:21 Al que no conoció
pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos
justicia de Dios en él.
Capítulo 6
6:1
Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no
recibáis en vano la gracia de Dios. 6:2 Porque dice: En
tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he
socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el
día de salvación. 6:3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que
nuestro ministerio no sea vituperado; 6:4 antes bien, nos
recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en
tribulaciones, en necesidades, en angustias; 6:5 en azotes, en
cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; 6:6
en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en
amor sincero, 6:7 en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas
de justicia a diestra y a siniestra; 6:8 por honra y por deshonra,
por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; 6:9
como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos;
como castigados, mas no muertos; 6:10 como entristecidos, mas
siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo
nada, mas poseyéndolo todo. 6:11 Nuestra boca se ha abierto a
vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado. 6:12 No
estáis estrechos en nosotros, pero sí sois estrechos en vuestro propio
corazón. 6:13 Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos
hablo), ensanchaos también vosotros.
Somos templo del Dios viviente
6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué
compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con
las tinieblas? 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte
el creyente con el incrédulo? 6:16 ¿Y qué acuerdo hay entre el
templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios
viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre
ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi
pueblo. 6:17 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y
apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo;
Y yo os recibiré, 6:18 Y seré para vosotros por Padre, Y
vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
Capítulo
7
7:1
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda
contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor
de Dios.
Regocijo de Pablo al arrepentirse los corintios
7:2 Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie
hemos engañado. 7:3 No lo digo para condenaros; pues ya he dicho
antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente.
7:4 Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de
vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras
tribulaciones. 7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos
atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores. 7:6 Pero
Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito;
7:7 y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él
había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran
afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé
aun más. 7:8 Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa,
aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún
tiempo, os contristó. 7:9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido
contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque
habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por
nuestra parte. 7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce
arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la
tristeza del mundo produce muerte. 7:11 Porque he aquí, esto mismo
de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en
vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué
celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el
asunto. 7:12 Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que
cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os
hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de
Dios. 7:13 Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación;
pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su
espíritu por todos vosotros. 7:14 Pues si de algo me he gloriado con
él respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en todo os
hemos hablado con verdad, también nuestro gloriarnos con Tito resultó
verdad. 7:15 Y su cariño para con vosotros es aun más abundante,
cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis
con temor y temblor. 7:16 Me gozo de que en todo tengo confianza en
vosotros.
Capítulo 8La ofrenda para los santos
8:1
Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las
iglesias de Macedonia; 8:2 que en grande prueba de tribulación, la
abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su
generosidad. 8:3 Pues doy testimonio de que con agrado han dado
conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, 8:4
pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de
participar en este servicio para los santos. 8:5 Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron
primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;
8:6 de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes,
asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. 8:7 Por
tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda
solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta
gracia. 8:8 No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por
medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.
8:9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor
a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza
fueseis enriquecidos. 8:10 Y en esto doy mi consejo; porque esto os
conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a
quererlo, desde el año pasado. 8:11 Ahora, pues, llevad también a
cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo
estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. 8:12 Porque si primero
hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que
no tiene. 8:13 Porque no digo esto para que haya para otros holgura,
y para vosotros estrechez, 8:14 sino para que en este tiempo, con
igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la
abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,
8:15 como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco,
no tuvo menos. 8:16 Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la
misma solicitud por vosotros. 8:17 Pues a la verdad recibió la
exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió
para ir a vosotros. 8:18 Y enviamos juntamente con él al hermano
cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; 8:19 y
no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero
de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por
nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena
voluntad; 8:20 evitando que nadie nos censure en cuanto a esta
ofrenda abundante que administramos, 8:21 procurando hacer las cosas
honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres. 8:22 Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya
diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más
diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros. 8:23 En
cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a
nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.
8:24 Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro
amor, y de nuestro gloriarnos respecto de vosotros.
Capítulo 9
9:1
Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os
escriba; 9:2 pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me
glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y
vuestro celo ha estimulado a la mayoría. 9:3 Pero he enviado a los
hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte;
para que como lo he dicho, estéis preparados; 9:4 no sea que si
vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos
avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza.
9:5 Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen
primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida,
para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.
9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará
escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también
segará. 9:7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza,
ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 9:8 Y poderoso es
Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo
siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena
obra; 9:9 como está escrito: Repartió, dio a los
pobres; Su justicia permanece para siempre. 9:10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que
come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los
frutos de vuestra justicia, 9:11 para que estéis enriquecidos en
todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de
gracias a Dios. 9:12 Porque la ministración de este servicio no
solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas
acciones de gracias a Dios; 9:13 pues por la experiencia de esta
ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de
Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para
todos; 9:14 asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes
aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. 9:15
¡Gracias a Dios por su don inefable!
Capítulo
10 Pablo defiende su
ministerio
10:1
Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando
presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para
con vosotros; 10:2 ruego, pues, que cuando esté presente, no tenga
que usar de aquella osadía con que estoy dispuesto a proceder resueltamente
contra algunos que nos tienen como si anduviésemos según la carne.
10:3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
10:4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas
en Dios para la destrucción de fortalezas, 10:5 derribando
argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y
llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 10:6 y
estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia
sea perfecta. 10:7 Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno
está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí
mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.
10:8 Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la
cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción, no me
avergonzaré; 10:9 para que no parezca como que os quiero amedrentar por
cartas. 10:10 Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y
fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable.
10:11 Esto tenga en cuenta tal persona, que así como somos en la palabra
por cartas, estando ausentes, lo seremos también en hechos, estando
presentes. 10:12 Porque no nos atrevemos a contarnos ni a
compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí
mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos.
10:13 Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la
regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta
vosotros. 10:14 Porque no nos hemos extralimitado, como si no
llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros
con el evangelio de Cristo. 10:15 No nos gloriamos desmedidamente en
trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy
engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; 10:16 y que
anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en
la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado. 10:17
Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; 10:18 porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino
aquel a quien Dios alaba.
Capítulo
11
11:1
¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme. 11:2 Porque
os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para
presentaros como una virgen pura a Cristo. 11:3 Pero temo que como
la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la
sincera fidelidad a Cristo. 11:4 Porque si viene alguno predicando a
otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el
que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo
toleráis; 11:5 y pienso que en nada he sido inferior a aquellos
grandes apóstoles. 11:6 Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo
soy en el conocimiento; en todo y por todo os lo hemos demostrado.
11:7 ¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis
enaltecidos, por cuanto os he predicado el evangelio de Dios de balde?
11:8 He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a
vosotros. 11:9 Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a
ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que
vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso.
11:10 Por la verdad de Cristo que está en mí, que no se me impedirá esta
mi gloria en las regiones de Acaya. 11:11 ¿Por qué? ¿Porque no os
amo? Dios lo sabe. 11:12 Mas lo que hago, lo haré aún, para quitar
la ocasión a aquellos que la desean, a fin de que en aquello en que se
glorían, sean hallados semejantes a nosotros. 11:13 Porque éstos son
falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de
Cristo. 11:14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza
como ángel de luz. 11:15 Así que, no es extraño si también sus
ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a
sus obras.
Sufrimientos de Pablo como apóstol
11:16 Otra vez digo: Que nadie me tenga por loco; o de otra manera,
recibidme como a loco, para que yo también me gloríe un poquito.
11:17 Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con
esta confianza de gloriarme. 11:18 Puesto que muchos se glorían
según la carne, también yo me gloriaré; 11:19 porque de buena gana
toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. 11:20 Pues toleráis
si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si
alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. 11:21 Para
vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro
tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. 11:22 ¿Son
hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de
Abraham? También yo. 11:23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si
estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin
número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 11:24 De los
judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 11:25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado
como náufrago en alta mar; 11:26 en caminos muchas veces; en
peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el
mar, peligros entre falsos hermanos; 11:27 en trabajo y fatiga, en
muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en
desnudez; 11:28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa
cada día, la preocupación por todas las iglesias. 11:29 ¿Quién
enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me
indigno? 11:30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es
de mi debilidad. 11:31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. 11:32 En
Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de
los damascenos para prenderme; 11:33 y fui descolgado del muro en un
canasto por una ventana, y escapé de sus manos.
Capítulo
12El aguijón en la carne
12:1
Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las
revelaciones del Señor. 12:2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace
catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios
lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 12:3 Y conozco al tal
hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),
12:4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le
es dado al hombre expresar. 12:5 De tal hombre me gloriaré; pero de
mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. 12:6 Sin
embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad;
pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de
mí. 12:7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase
desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás
que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 12:8 respecto
a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 12:9 Y
me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se
perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más
bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
12:10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en
afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy
débil, entonces soy fuerte. 12:11 Me he hecho un necio al gloriarme;
vosotros me obligasteis a ello, pues yo debía ser alabado por vosotros; porque
en nada he sido menos que aquellos grandes apóstoles, aunque nada soy.
12:12 Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en
toda paciencia, por señales, prodigios y milagros. 12:13 Porque ¿en
qué habéis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he
sido carga? ¡Perdonadme este agravio!
Pablo anuncia su tercera visita
12:14 He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os
seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben
atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.
12:15 Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré
del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado
menos. 12:16 Pero admitiendo esto, que yo no os he sido carga, sino
que como soy astuto, os prendí por engaño, 12:17 ¿acaso os he
engañado por alguno de los que he enviado a vosotros? 12:18 Rogué a
Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó acaso Tito? ¿No hemos procedido
con el mismo espíritu y en las mismas pisadas? 12:19 ¿Pensáis aún
que nos disculpamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo,
muy amados, para vuestra edificación. 12:20 Pues me temo que cuando
llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no
queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones,
maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes; 12:21 que
cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por
muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y
fornicación y lascivia que han cometido.
Capítulo 13
13:1
Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres
testigos se decidirá todo asunto. 13:2 He dicho antes, y ahora
digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que
antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré
indulgente; 13:3 pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí,
el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros.
13:4 Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de
Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el
poder de Dios para con vosotros. 13:5 Examinaos a vosotros mismos si
estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros
mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?
13:6 Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados.
13:7 Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros
aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros
seamos como reprobados. 13:8 Porque nada podemos contra la verdad,
sino por la verdad. 13:9 Por lo cual nos gozamos de que seamos
nosotros débiles, y que vosotros estéis fuertes; y aun oramos por vuestra
perfección. 13:10 Por esto os escribo estando ausente, para no usar
de severidad cuando esté presente, conforme a la autoridad que el Señor me ha
dado para edificación, y no para destrucción.
Saludos y doxología final
13:11 Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de
un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con
vosotros. 13:12 Saludaos unos a otros con ósculo santo.
13:13 Todos los santos os saludan. 13:14 La gracia del Señor
Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos
vosotros. Amén.
|