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"Aniversario de la Iglesia de Cochabamba" Parte 3
Rvdo. JULIO ALVARADO F.
Cochabamba, Octubre de 1999
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En la radio tenemos una jerga especial, yo estoy aprendiendo de los radialístas, y una manera de hablar es decir: Vamos a hacer pildoritas, con “Pildoritas” queremos decir: Vamos a hablar un minuto, sólo un minuto, pero de cosas inmensas.
Y yo quiero hacer Pildoritas con ustedes en ésta noche. La primera de ellas, cuando nosotros comenzamos a caminar en el Mensaje, a tratar de servir a Dios, tenemos una idea, nos forjamos una imagen en la mente, y pintamos todo un paisaje, donde no faltan los ríos hermosos, los prados verdes, los árboles frondosos, el cristalino fluir de las aguas, de las flores, el canto de los pájaros ¡todo bello!, y nos forjamos ideas tan preciosas de lo que será servir a Dios, y el paisaje no puede ser más atractivo, pero pudiera ser que sea verdad, pero ese paisaje tan bello, está allá, lejos, en la distancia, y para llegar de aquí a allá, hay que caminar.
Y el camino para llegar a ese paisaje tan bello, con todos los adornos que le hemos puesto, a veces no tiene agua, no está trazado por los lugares “pastientos”, más fáciles, sino que a veces el camino está trazado en los lugares ¡Sumamente difíciles!.
El panorama está…, el premio es efectivo y real, pero para llegar allí hay que caminar y fijar metas, y en el caminar empezamos a olvidar aquella ilusión bella.
Se nos acaba el dinero, los negocios comienzan a caminar mal, no hay ingresos, la familia se comienza a revolver, vienen las incomprensiones, los roces.
En la iglesia, por cualquier pequeño problema, hay tremendas dificultades entre los hermanos. Que me atraqué por allí y me extra limité, me peleé.
El camino se hace duro y difícil, y algunos cuantos, espero que los menos, comienzan a aflojar.
Y es mejor buscarse un árbol frondoso y decir: No, yo sé que Dios está allá adelante, el monte, en aquel lugar tan bello que yo me he forjado, pero ¡Yo no camino más!, y allí se echan, a la sombra de un frondoso árbol llamado: Yo no soy capaz, Yo no me merezco ésta suerte, Yo..., Yo..., Yo..., ¡Qué árbol más frondoso!, se echa a dormir en él.
Algunos se pierden para siempre, otros, los Predestinados, viene la gracia del Señor y le dice: No es este lugar para que te quedes, éste árbol es para los pusilánimes, los mediocres, los incapaces, ¡A ti no te elegí para eso!, así ¡Ala!, ¡Vamos caminando!.
Los otros, los inútiles, los inservibles, se quedan, se pierden, y van raleando las vidas, van disminuyendo por aquí y por allá.
Pero algunos ¡Siguen!, acaso llorando, renegando, protestando, muchas veces murmurando, ¡Nunca blasfemando!, ¡Siguen adelante!.
Me niego a mí mismo, yo me quiero quedar pero... cada paso que dan lo acerca al objetivo.
Ahora, el fin de ésta Pildorita: Bienaventurado aquel que, cuando tiene aquellas tentaciones de quedarse, viene un Mensajero y le dice: Tu no eres de ese montón de inútiles e inservibles, ¡Yo te he elegido y Predestinado!.
Señor, yo no tengo fuerzas…
– Bueno, yo te voy a dar ¡Como yo he resuelto los problemas!, comida de ángel, yo los he resuelto así, así y así, así que ¡Vamos!.
Mire el Pastor lo que hace, mire la Esposa del Pastor lo que hace, mire el Predicador lo que hace, mire éste lo que hace. ¡Te voy a dar comida de ángel!, ¡Sigue adelante!.
Y la cantidad de injusticia que se cometen conmigo, ¡Mire el Pastor cómo se ensaña conmigo!, ¡Ten comida de ángel!.
Y el ángel, hace lo que Dios dice y no lo que lo demás quieren ¡Sigue adelante!
Fin de la Pildorita, se quejó Job, le dijo: Dios tu me prometiste que nunca me abandonarías, tu me prometiste que nunca me abandonarías, yo miro mi camino, miro los pasos, las huellas que he dejado, y en los lugares más difíciles, me dejaste solo, no están las huellas, cuando estaba más necesitado de ti, a ti ¡Qué te importa!, me dejaste solo, y tuve yo que llorar y gemir, no siempre estuviste conmigo.
Y el Señor le dijo: ¿Por qué?, ¿Por qué no van las dos huellas?, ¿Por qué solamente hay una sola?, - ¡Claro!, y el Señor le dice: En los lugares más difíciles tu no tenías capacidad, entonces yo te alcé, te puse en mi hombro.
Eso ha sucedido con unos cuantos de nosotros, en los momentos más difíciles, tu no tenías capacidad, así que yo...
Fin de la Pildorita, ¿por qué no me ayudan?.
“A veces dije que por El, penoso es trabajar...” (Canta el Señor, canta el Coro).
Esa es la experiencia mía también, que con seguridad de todos los Predestinados.
La Segunda Pildorita: El pueblo de Israel hermanos, pasó por muchas cosas, experiencia parecidas a las nuestras, no más que en la distancia parecen muy grandes, y ya parecía que por fin, ellos lo habían logrado.
Egipto había quedado atrás, el Faraón y su Ejército habían quedado por allá, ya comenzaron a cantar y alabar a Dios, cuando de repente se empezó a levantar la polvareda, ¿Qué pasa?, los Vigías.
Viene el Faraón con sus Ejércitos. Y efectivamente aquel que los había tenido cautivos durante cuatrocientos años, le dolió haberlos abandonado, y los quería de nuevo, porque lo que hacían los esclavos, no eran capaces de hacerlo los Amos, señores que se creían tan....
Y otra vez, se levantó la imagen de la esclavitud, en la mente, en el ánimo de todos.
Moisés, ahora ¿Qué hacemos?, ahí adelantito está el mar ¿Cómo lo vamos a cruzar si ni siquiera tenemos una balsa?, en derredor está el Desierto, y ya estamos hasta más arriba de nuestras capacidades, caminar en el desierto, allá viene el Ejercito para llevarnos cautivos.
¡Otra vez la esclavitud Dios!. Moisés mira la Columna de fuego, ¡Aleluya!, mira la Chequina ahí, que les está produciendo sombrita.
Moisés. ¿Si?, - ¿Estás afligido?, - ¿Cómo no?. - Dile al pueblo, que si llegó hasta aquí, ¡No es para que perezcan!, diles que si llegaron hasta ésta hora, no es para que vuelvan a ser esclavos.
¿Me permite actualizarlo?. Si llegaron al Culto de anoche, no es para volver a las mismas bajezas de antes.
Pero, Señor Dios... - Dile al pueblo, que si llegó hasta aquí, que tengan calma ¡Ahora es tarea mía!. ¡Aleluya!.
Ahora es trabajo mío. Moisés y el pueblo ve que la Chequina se aparta de Israel.
Ahora se aparta Dios de nosotros, y la quedan mirando cómo se va a la retaguardia allá, y se pone entre el Ejercito Egipcio, y los desvalidos Israelitas.
Faraón, Ejército Egipcio, les desafío pasar la Columna de Fuego. ¿Qué es este torbellino?, ¡Avancemos!,. - De dónde.
Y los Egipcios quisieron pasar y allí estaba la Chequina. Desde anoche muchos de ustedes, la Columna de Fuego, se puso entre ustedes y los que los tenían cautivos, los diablos, carne, mentiras, falsedades. Los desafío que pasen la Columna de Fuego. ¡Ahora es tarea mía!, ¡Ellos confiaron en Dios!, ¡No serán defraudados!.
Ahora, la Columna está ahí, ¿Qué Rey?, ¿Qué Ejercito es poderoso contra Dios?, ¡Que se levante!.
Y no pudieron pasar, dice la Biblia, por siete días, desde Efeso hasta la Odisea ¡No pasarán!, ¡Eternamente serán derrotados!.
Israel miró: No avanzan. ¡Nunca avanzarán!, ¡Ustedes pasen!, ¡Mientras yo peleo con ellos, avancen!.
Y ahí daba vueltas las suciedades, las inmundicias, no hubo manera de pasar, ahí quedaron, ¡Ya ustedes son limpios por la Palabra!.
Dice la escritura, y fin de la Pildorita: ¿Quién los arrebatará de mi mano?, hay algún poder que los quiera arrebatar ¡Vamos a ver!. ¡Aleluya!.
El final de esto: “Confío en Dios...” (Canta el Señor, canta el Coro).
Dígalo con lágrimas, dígalo con alegría pero ¡Dígalo!. Dígalo con emoción ¡Dígalo!.
La última Pildorita y les dejo: Para los discípulos, no fue nada fácil comprobar que el que ellos tenía como un grande y poderoso Hijo de Dios, no era más que un pobre mortal, lleno de miedo, que clavado en la cruz, se desesperó y se desorientó, y dijo: Dios mío ¿Por qué me has desamparado?.
Después de todo no era más que un pobre hombre, igual que tu, igual que yo.
El que habíamos creído que era el Todopoderoso, no era más que un simple mortal, tan débil como todos nosotros, ¡He creído mal!, ¡Me equivoqué al hacerlo!, ¡Ese que era grande y hacía tantos milagros, un simple cobarde!... realmente no conozco a éste hombre. No era más que un simple mortal, no era más que un pobre igual que yo. Y voy a decir: ¡Aleluya!, por esto.
No valió la pena aguantar por tanto tiempo, para después al final ser frustrado, ¡Mire pues!, nos equivocamos. Mejor me hubiera quedado Católico, mejor me hubiera quedado Pentecostal o Bautista. ¡Para qué!.
Volvamos a nuestros empleos, volvamos a nuestras casas, a nuestros trabajos, porque aquí el asunto es: El que no trabaja no come, ¡Ya para qué!. ¡No vale la pena!, me sacaron plata durante años, lo dejé todo ¿Qué he ganado?.
No fue fácil, no fue nada fácil. Haber dejado propiedades, haber dejado familia por seguirlo, y por último resultó un fraude. ¡No era nada fácil!.
De repente, dos de ellos, varón y hembra, joven y adulto, dos. ¿Qué les pasa?, tienen una cara de tristeza y de fracaso, tienen una cara de haberlo perdido todo. – Y, a vos ¡Qué te importa!, quizás sos el único que no sabés lo que nos pasa. – No, no lo sé. – Es que nosotros habíamos creído. Y le cuentan su tragedia.
Adrede, voluntariamente guardé una palabra: ¿Qué les pasa que tienen una cara de fracaso que da miedo mirarlos?, pero la palabra que yo me guardé voluntariamente es: “Mientras caminan”.
Porque pese al fracaso, a las tristezas, a las frustraciones, a la decepción de haber creído ¡Siguen caminando!.
¿Qué les pasa?, ¿Saben cuál es el problema de ustedes?, es que son tardos y lerdos para creer, tiene que cumplirse la Escritura.
Es necesario, déjeme ampliarlo, que el Cristo que hay en ti, el Cristo que hay en cada uno, sufra y padezca, es necesario, porque de la única manera que va a ser Palabra Viva, es esa.
Estaba en la Escritura ¡Mírate!. - ¡Ay Dios!, ¿Estoy cumpliendo la Palabra?, ¡Nunca has dejado de cumplirla!, porque el que más pródigo es, mayor será la fiesta y la gloria.
Por eso es que no te has quedado, con todo el bagaje de tristezas y pesares ¡Sigues caminando!, te has convertido en una barra de hielo, en una piedra, en una Momia, pero ¡Sigues!.
Y ¿Tú que haces?, - ¿Yo?, yo he venido para acompañarte, yo he venido para seguirte donde tu quieres llegar y cuando llegues al lugar, donde tu quieres llegar, yo te traeré a la Comunión de los Santos, yo te volveré a la armonía.
Y de allá volvieron: ¡Dios vive!, ahora no vive porque la Biblia lo dice, porque otro habla, ¡Nosotros tenemos la experiencia!.
¿Entonces nunca estuve fuera de tu propósito?, ¡Nunca!, - ¿Nunca dejé de ser tu hijo?, ¿Nunca dejaste de amarme?, - ¡Nunca!.
Fin de la Pildorita y fin de mi Palabra. “El conmigo está puedo oír su voz...” (Canta el Señor, cantan todos).
(Termina el culto).
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