"Cuanta Comprensión La Del Padre,
Con Sus Hijos"


Rvdo. JULIO ALVARADO F.                      
Santa Cruz, 07 de Mayo de 2000 (noche)

Asiento por favor.

"Ignoro yo, cuando será..." (Canta el Señor, canta el Coro), ¡Aleluya!.

Quiero invitarles a inclinar sus rostros, y orar (Llora el Señor, habla en Hebreo).

(Oración)

"Acepta Padre, ¡Por favor!, Acepta las alabanzas de los muchachos y mías.

Y gracias por estar con nosotros. Amigo mío, Compañero mío. Bendito seas".

Asiento por favor. (Llora el Señor).Siempre me ha emocionado recordar, aquella mujer de cuarenta y tres años, que inició la maratón y a la mitad de la carrera, por alguna razón su cuerpo se descoyuntó. Y mirábamos en la televisión ¡Cómo fueron llegando los corredores!, y un canal de televisión, se dedicó a ella, que iba a punto de caer, pero seguía y seguía, y seguía. Cuando todos se habían retirado, todos los canales habían cerrado sus transmisiones, este canal que la seguía, estaba con ella. A las once y cuarenta y cinco de la noche, apenas moviéndose cruzó la meta, y cayó.

La internaron en el hospital, le hicieron cuatro operaciones, un año y seis meses internada. Pero ¡Había llegado!.

Y el canal de televisión que la siguió, fue laureado por todos, porque siguió transmitiendo para el mundo, la heroica odisea, de aquella (para esos haceres), ya anciana mujer.

Que se había demorado unas once horas más, que cualquier otro. Pero había hecho lo que ningún atleta, en ninguna época de la historia del mundo, había logrado. Destruida por dentro, ¡Llegó a la meta!. Cada vez que me acuerdo de eso, me conmueve.

Porque aquí, en esta noche, habremos algunos con el alma destrozada, transidos de honda tristeza, pero porfiadamente ¡Continuamos!, ¡Nada nos va ha detener!.

Compañeros de la Carrera, quizás los han herido el desamor, la traición, la infidelidad, el abandono, y quizás con el alma destrozada, quizás con el Espíritu ardiente, pero destruido moralmente, destruidos sentimentalmente ¡Continúen conmigo!; hay un canal de televisión que está atento al esfuerzo de cada uno, gente experimentada en dolores, ¡sigan corriendo!, ¡nada nos va a detener!.

Quizás no tengamos ningún apoyo humano, y solo ha fuerza de coraje, pero ¡Continúen!, ¡Sigan!. (Llora el Señor).

Los artífices de las heridas, los maestros, las maestras de la traición, no saben lo que es, pero tú que sangras por dentro ¡Sigue!, ¡Continua conmigo, la carrera que nos está propuesta!, ¡Llegaremos un día de estos!.

Le dije a los muchachos del Coro: Necesito este himno, para esta noche, porque cada paso que damos, nos acercamos a la meta, ella nos espera.

Cuantas veces a esta corredora quisieron meterla en la Ambulancia, porque ya caía, y ella decía: ¡Yo llegaré!.

¡Dilo conmigo!, ¡No te quedes en el camino!, ¡Yo llegaré!. No seremos pusilánimes, no seremos inconstantes, no nos contaremos entre los fracasados ¡Llegaremos!, ¡Llegaremos amigos míos!. ¡Aleluya!.

Quienes conmigo sienten el valor, el coraje del esfuerzo, un día de estos ¡Llegaremos!, y los lauros serán suyos.

Mientras me tranquilizo, si pudieran hacerlo, los muchachos van a cantar; "Ignoro yo..." (Canta el Señor, canta el Coro).

Los últimos días hemos venido preocupándonos de la relación de la familia, del trato entre padres e hijos. Esta noche mismo haremos un tema semejante en la Radio.

Y nos preguntamos, hasta dónde los padres confían en los hijos, y hasta dónde los hijos en los padres; hasta dónde es saludable, que un padre sea amigo de su hijo, y lo comprenda al máximo.

Alguien me dijo, no ha mucho tiempo atrás: Hay que querer a los hijos, pero no hay que ser opa, para que los hijos se pasen de confianza ha abuso de confianza.

Sin defender esa posición, sin defender la posición de aquellos padres que hacen una vida extra hogar, dejan a sus hijitos en manos de empleadas, sirvientas que cobran un sueldo por atenderlos, obviamente es muy difícil que una mujer que cobra un sueldo por atender a los niños, los ame. Por lo demás, hijos ajenos...

Mientras los padres y las madres se van a correr aventuras por ahí, el niño llora y clama por: Mi papá, mi mamá. Pero papá está en sus cosas, y mamá..., corriendo aventuras en camas de cualquiera, mientras el hijo está en las manos de la sirvienta.

La situación se presta para mucho, pero no estoy aquí para criticar, ni para afear, ni hermosear actitudes y posiciones, estoy aquí para decirles lo que dijo el Maestro de Nazaret hace dos mil años, Él dijo: El Espíritu da testimonio a nuestro Espíritu, y clamamos Abba Padre.

La palabra Abba, está compuesta de dos sílabas, diferentes y yuxtapuestas; nosotros la tradujimos al castellano como: Abba, pero esa palabra quiere decir "Padre celestial", o "Padre Eterno".

Y el Espíritu, dijo Él, da testimonio a nuestro Espíritu que somos sus hijos y clamamos ¡Abba!.

Padre Eterno, Padre Celestial, y para traerles este pensamiento, yo pensaba y le preguntaba a mi Compañero: ¿Hasta dónde Él confía en mi?, Porque soy su hijo, ¿Hasta dónde me apoya?, ¿Hasta dónde me cubre?, ¿Hasta dónde me tolera?, ¿Hasta dónde confía en mi?, ¿Hasta dónde me cuenta sus secretos?.

Y hablaba con mi Compañero, y él me decía: Son preguntas que yo no puedo contestarte, porque Abba es tan..., tan inmenso, tan terriblemente grande, que a lo mejor lo pequeñito de él, sobrepasa todas las concepciones de Paternidad de los humanos. La única cosa que te puedo decir es que como hijo, Él nunca va ha encontrar defectos en ti.

¿Qué Padre no disimula aquí en la tierra, las cosas malas de sus hijos?, Las metidas de patas, las flaquezas, las fealdades, ¿Qué padre no tolera?, y siempre encuentra razones para seguirlo amando.

Y somos padres terrenos, y somos padres limitados, y lo miré a Él: Amigo mío, me devuelves muchas de mis confianzas y esperanzas destruidas, porque yo he sido abortado por las personas que más he querido, me han encontrado tantos defectos, que se han apartado de mí y me han cambiado alegremente por ahí.

Y él volvió a decirme: No sé, tú bien sabes que yo no participo de las limitaciones de los hombres, pero lo que puedo decirte es que Él como Padre ¡Nunca te encontrará defectos!, Para Él eres su hijo y ¡Ya!.

Y ese sería mi Mensaje en ésta noche, ¿Cómo llegó usted al culto?, ¿Qué encontradas emociones?, ¿Qué estados de ánimos deprimentes?, ¿Qué pensamientos onerosos?, Y se ha sentido el menos de los menos, el peor de los peores, el fracaso de los fracasados, el inútil de los inútiles.

En esta noche me paro aquí, y estoy muy conmovido por muchas cosas que no interesan contar; me paro para decirles, ¿Qué condición haría, que tu Padre Abba te encontrara defectos?, y de acuerdo a lo que Él dijo: Como hijo Él no te encuentra defectos, para Él usted es su hijo y ¡Ya!.

Y ese Espíritu da testimonio a nuestro Espíritu, de que Él es nuestro Padre.

Y alguien me podría decir: Me siento basura, y yo le diría: ¡Basura, eres hijo de Él!.

(Se derrama la gloria de Dios, termina el culto).