"El Alfarero"


Rvdo. JULIO ALVARADO F.          
Santa Cruz, 3 de Enero de 1993.

Cuando era un niño, en uno de esos momentos trascendentales en mi vida, cuando tenía 12 años de edad, en un lugar muy cerca de la pista de esquiación de Farellones, con una nevada que estaba durando toda la noche, ya tenía más de tres metros; yo me fui al templo sin que nadie me ... notara, y le dije a Dios: "¡Trabaja en mi vida!,no quiero ser un niño como todos ni tampoco ser peor que otros, ¡Trabaja en mi vida!".

Quizás a los doce años no tenía mucho conocimiento de cómo dirigirme a Dios, pero le dije lo que a mi corazón de niño necesitaba: "¡Trabaja en mi vida!. Pasaron los años y Dios me había escuchado, consagre mi vida a su servicio haciendo que mis horas, mis días y mis noches le perteneciesen; y cuando usted, le ha pedido a Dios algo parecido, es posible que El también le haya oído: "¡Trabaja en mi vida¡, ¡Haz algo en mi, Dios!, ¡No quiero quedarme como soy!, ¡ No estoy tranquilo con la vida que llevo!, dentro de mi siento que soy llamado a algo diferente, no a ser simplemente un hombre que órbita, padre de familia, como todos que tiene que agachar el lomo bajo el yugo de la responsabilidad, y amargarme la existencia con cada día que pasa, ¡Dios, trabaja en mi vida¡, ¡haz algo!; no quiero ser la esposa de un hombre que me tiranice, me grite, me dé ordenes, y tenga que vivir como cualquiera criando chiquillos, cocinando, atendiendo el hogar para un hombre que ni siquiera me lo agradece. ¡Trabaja en mi vida!, ¡No me dejes ser esa mujer común, Dios!; siento dentro que soy llamada a algo especial, siento dentro que mi predestinación es algo superior, ¡Trabaja en mi vida!, ¡Trabaja en mi vida¡.

Y talvez el oído de Dios está atento ahí escuchando esa voz, Dios, escuchando ese clamor, escuchando esa súplica: ¡Dios, no me dejes en la condición en que estoy!, la voz transmisible trazado en tu vida; no quiero ser una persona común, pienso que no es así mi vida. No quiero llegar a viejo, Dios, y mirar mi rastro y decir: "No tengo ninguna satisfacción en mi vida, todo ha sido triste y doloroso, mejor es que no hubiese vivido"; ¡Trabaja en mi vida!.

Un día de esos El tomó a su siervo el profeta, y le dijo: Querido, quiero que desciendas a la casa del alfarero, quiero que lo mires, quiero que veas lo que el alfarero está haciendo.

Y el profeta salió de su casa de profeta, con su manto de profeta, con su andar de profeta, con su dignidad de profeta, con su ministerio de profeta, y se va a la casa del alfarero. Y cuando va llegando allí, Dios le dice: No lo interrumpas, solo míralo. Y él llega a la casa del alfarero y ve que éste hombre sin importar que era de día o de noche, y que ya a lo mejor estaba la oscuridad y la noche avanzada, él seguía en la rueda trabajando, incesante, no dejaba de trabajar en el barro, se ensuciaba las manos y los brazos, le metía agua al barro, seguía haciendo girar la rueda.

Dios le dijo: ¿Lo ves?, -si, Señor-, Yo Soy como ese alfarero; no importa que la noche esté avanzada, y el día se esté yendo, aunque sea de mañana, ¡Yo seguiré trabajando!. No importa si es anciano que peina canas, que tiene el rostro lleno de arrugas, si es una anciana ya encorvada por los años, sus carnes flácidas, ¡No importa, El está trabajando!. No importa si es un joven, no importa si es una señorita, no importa si es de una edad tierna, ¡El está trabajando en su vida!. No cesa, no para, no se cansa...

Y El le dijo: Querido profeta, anda y dile a tu pueblo, ¡Yo Soy como el alfarero!, diles que ellos son como el barro, y que Yo trabajaré, ¡Trabajaré!, ¡Trabajaré!, no dejaré de hacerlo hasta que forme, y Yo lo puedo ver ésta noche, a ancianos y ancianas, ya gastados, ya los años se le han ido, ya los nietos están grandes, pero ¡El sigue trabajando!. Forjaré mi imagen en tus arrugas, haré mi imagen en tus canas. ¡Mira profeta, Yo Soy el alfarero!; trabajando.

Y en algunos momentos el barro se quebró en sus manos, el alfarero no se decepcionó; tomó el bollo de barro roto en las manos, lo puso de lado, mojó un paño y lo cubrió, y se quedó trabajando en unos, tomará ese barro que se hecho a perder, sin ningún gesto de hastío o malestar lo pondrá en la rueda, barro y seguirá trabajando. ¡El tiene un diseño maravilloso!. Al ver ese barro le dice: "yo ya no puedo más, yo ya no puedo, yo ya no ... ; Dé jame a un lado ya no tengo más utilidad, no tengo para nada!; el alfarero sin hacer caso sigue trabajando.

Y El le dijo, ¡Eso soy Yo! ¡Nada está perdido, yo sigo trabajando!.

Seré el barro en sus manos, El es incansable, es un trabajador infatigable. Hay tinieblas ¡El sigue!, hay luz ¡El sigue!, es día ¡El sigue!, es noche ¡El sigue!, hay pruebas ¡El sigue!, hay dolor ¡sigue!, hay desaliento ¡sigue!, hay tristeza ¡sigue!, hay pruebas ¡sigue!, hay fracasos ¡sigue!.

¡Déjeme decirlo!, con lágrimas rodando por mis mejillas; ¡Déjeme decirle!: El me sacó de mi lugar de Señorío, El me sacó de allí y yo me vestí de mi manto de mi ministerio, y Yo fui con mi ministerio y descendí a ésta reunión, para que al concluir en ésta noche, les diga a ustedes: ¡Soy un trabajador incansable,

Y mientras a tí te quede tiempo, que el mío es Eterno, mientras a tí te que de tiempo yo seguiré trabajando en tí ... ¡Aleluya!,

Y ahí a lado de El, se iban acumulando los vasos acabados, que su ayudante Espíritu Santo iba acomodando en la voluntad de Dios, eso está pasando con tu vida ¡El está trabajando en tí!; por eso es que lo sientes barro, y por eso que mi palabra te llega, porque estás en las manos de tu Señor, y El está trabajando en tí, completará su obra, el que la comenzó la terminará; por eso y seguro de ello es que les seguiré predicando en la Eternidad.