"La Falta de Memoria de Dios"


Rvdo. JULIO ALVARADO F.                      
Cochabamba, Abril de 1994

Diré la palabra del Señor, que Dios no se olvida de ninguno de los suyos, y dice que hasta los cabellos de nuestra cabeza, El los tiene contados, y ninguno se cae sin su autorización, también las hojas de los árboles, en igual condición.

Dice también el Señor, no olvida ninguna de sus buenas palabras, son escrituras que nos han dado siempre mucho gozo, mucha alegría, porque el Señor Jesús haciendo una reflexión dice: Si el sabe cuidar de las aves, sabe cuidar de las flores del campo, ¿Cuánto más valen ustedes que eso?, El no se olvidará de ninguno de los suyos.

Basta que un predestinado, un hijo le recuerde a El alguna de sus promesas, El la cumple, y tener un Dios así, alegra nuestra alma.

Un Dios que nos tiene siempre en su memoria, pero hermanos yo quiero hablarles de: "La falta de memoria de Dios"

En algunos países a los que se olvidan de las cosas les llaman "Despistados". Nosotros creo que le llamamos "Olvidadizos", no que sé término se podría emplear por aquí, para entendernos; - "Este se olvida hasta de su nombre".

Yo quiero hablarles de La falta de memoria de Dios, y es una reflexión honda en mi alma, porque he encontrado aquí, en éstas escrituras que Dios adolece de memoria, se olvida de muchas cosas.

De esas cosas, quiero hablarles, de esas cosas que Dios se olvida, para engrandecerlo a El.

La primera cosa que encontré que Dios se olvida es que cuando El sentencia a una persona, a un pueblo, a una vida, Dios la sentencia y esa sentencia es de ahora, hasta las Eternidades, pero de repente esa persona sentenciada, se llega a El, le ruega, le llora, le suplica, y la Biblia dice: Que El "Olvida" ser riguroso, "Olvida" el castigo y "Es Grande en Misericordia", se olvida que su palabra es Eterna, y que cuando una vida la condena, la condena por la eternidades, se olvida que su palabra ¡No puede ser quebrantada!, y le dice: ¡Te perdono, no te condeno!.

Cuando se aíra con una vida El, lo aparta de si, pero de repente se olvida que está enojado, y la Biblia dice: "No guardará para siempre el enojo", y por supuesto, haciendo la primera aplicación.

Si a causa del caminar de alguna vida, de alguno de nosotros, hemos incurrido en el enojo de Dios, y bajamos los brazos: - "Yo te fallé Dios, ya no tengo más esperanzas" (No le digo que lo tome livianamente), pero le digo: Que venga a El, ¡Clame!, ¡Gima!.

De repente El se olvida, que usted ha incurrido en el enojo de El: - "No te dejaré, no te desampararé", Si ustedes a sus hijos, cuando les piden, le dan lo mejor, ¿Cómo yo no le daré lo mejor a mis hijos?.

- ¿Pero Señor, la palabra dice que el pecado, precisamente está en el que sabe hacer lo bueno y hace lo malo?.

- La palabra dice, que es pecador aquel que sabiendo que debe hacer lo bueno y lo deja a un lado y hace lo malo, el pecado está en el que sabe hacer lo bueno y no lo hace.

- Y yo, porque he oído el mensaje, porque lo he creído, porque he abrazado ésta fe, ¡Sé lo que tú quieres de mi vida!, y voluntariamente me he desviado, he hecho lo malo y no solamente lo he hecho una vez, sino que he sido consuetudinario, vez tras vez, ¡Caigo en lo mismo!, ¡yo qué sé!.

- Entonces, ¡Soy un pecador!, ¡Soy un pecador!, una pecadora, el pecado como dijo David: "Está siempre sobre mi cabeza, para decirte Dios aprueba mi vida, porque he hecho lo malo ha sabiendas, ¡Eso es pecado!.

- Te he fallado, porque yo he querido, he delinquido, porque a mi me ha dado la gana, ¿Qué puedo yo hacer?.

Y allí encuentro, no el clímax, no el cenit de la mente olvidadiza de Dios; Pero encuentro, que es una Grandeza, que El se "Olvide".

Porque dice: Que si el pecador se arrepiente, El toma su pecado y los echa en el mar, y no se acordará más de él.

Entonces, yo me alzo y le digo: ¡Dios!, ¡Gracias por olvidarte!, ¡Gracias por ser "Muy Despistado"!, ¡Gracias por ser olvidadizo!, porque sino mi vida estaría condenada, pero a causa que tu te olvidas de mis pecados, yo tengo vida eterna.

Y ese mismo privilegio es suyo, porque tal el hijo, soy yo como usted, y tanto me ama, como lo ama a usted.

Si yo Padre, me olvido de las cosas malas que me hace mi hijo, y a veces yo digo: "Te voy a dar tanto palo, hasta que entiendas", pero cuando él viene y me dice: Papá, ya no lo voy a volver a hacer, y lo veo llorar; Me olvidé que le iba a dar palos, ¡Es mi hijo!, ¡Es mi hijo!, ¿Y tu?. ¿Y tu?, ¿Y todos los que estamos aquí?.

No estamos por acaso, por casualidad, estamos porque Dios quiso que estuviéramos.

Y yo, me atrevo a ocupar su lugar, pero me atrevo a decirle que si usted clama y se arrepiente, El se va ha olvidar de todo ¡Hijo!, ¡Hijo!, ¡Cómo te condenaría!.

"Padre Santo, unos cuántos de tus hijos están ante ti, cada uno conoce su vida, y se llega a ti, que nadie interfiera entre tu y ellos.

Extiende tu amor, y han de saber que nunca les has dejado de amar, Porque tu amor es Eterno Señor.

Extiende tu amor y misericordia, y si así no siguiera hablando, Dios, así no siguiera desarrollando toda la palabra.

¡Abraza a tus hijos!, quizás como el pródigo, se vuelva al gran resto de fieles, para decirle: Hagamos fiesta, éstos hijos se habían muerto, se habían perdido y fueron hallados."