Hijo de Hombre

Segunda parte

Rvdo.                   
JULIO ALVARADO F.

Dios les bendiga, hermanos.

Y en esta mañana, como todos los domingos, tenemos un poquito más de tiempo para hablar de las cosas que a nuestra alma le gusta, que nuestro Dios es el Señor de nuestras vidas. Y estoy seguro que usted, como Yo, sabe que nuestra alma no se sacia, sino de eternidad.

Usted puede hacer muchas cosas, usted puede buscar subterfugios, puede tratar de reemplazar esa satisfacción de nuestro Dios, y pareciera que si la encuentra, pareciera que en los afanes del mundo, o en las amistades mundanas, en los amores carnales, usted puede encontrar el reemplazo para satisfacción de su vida. Pero en realidad, no es así.

Y si usted es un genuino predestinado, no habrá nada que sacie su alma. ¿Sabe?, usted puede sentir momentáneamente que se ha olvidado de las cosas del Señor, y que no le interesa Dios, ni la vida eterna; pero es momentáneo. Luego, cuando pasa ese momento eufórico, equívoco, desequilibrado, el vacío es mayor, porque aparte de tener el mismo que tenía antes, queda la carga de su conciencia por haber obrado mal. Porque nuestra alma no se sacia sino de eternidad, y eternidad sólo es Dios.

Es como cuando usted, hermano (y de eso vamos a hablar quizá un poco más ahora), como hombre, como mujer, ha llegado a encontrar; si es hombre: la mujer de su vida, y usted sabe que esa mujer llena todos los requisitos que usted íntimamente se hizo. Y si es mujer: ha encontrado el hombre que llena todas las aspiraciones suyas como mujer. Bueno, eso es su todo, eso es lo máximo que usted anheló en la vida y que la vida le dio.

Pero por nuestra formación baja y ruin, por la canalla habida en nuestro interior, si es mujer: coquetea, se va con uno o con otro; si es hombre: es como el picaflor que anda de una flor en otra, y después que ha recorrido mucho, de repente se detiene en su camino, ¿qué ha encontrado?: que se ha indignificado, se ha desmoralizado, se ha hecho una persona baja. Y es mayor su angustia, es mayor su tristeza, porque sabe que ese hombre, o esa mujer, eran lo que siempre debió ser, eran el afán, el anhelo, lo máximo de su vida;; y que usted por inconstante, o por tener ese espíritu liviano, voluble, postergó, quiso cambiar.

Y Yo digo: cuánta desgracia habida en las almas, cuántas lágrimas, sin consuelo ... porque una vez que ha recorrido, si es mujer: de brazo en brazo; si es hombre: de cama en cama, encuentra que por esas bajezas, perdió lo mejor, perdió lo único que pudo tener importancia en su vida. La amistad -comunión- con Dios.

Ahora, el alma sabe que no tiene a nadie, sino a Dios. Me refiero al alma de un predestinado, me refiero a ese ser que tiene dentro de sí, desde antes que el mundo fuese, eso puesto por Dios, que sólo Dios puede satisfacer. Y que por liviano, voluble, por tener esa canalla dentro de su vida, y por esa mentira, falsedad, liviandad, coquetería y bajezas; por tener, en fin, esa canalla dentro, ha comenzado a compartir sentimientos, ha comenzado a ir de un lugar a otro, para hacer más hondo su pesar, para hacer más grande el abismo y para que llegue el momento en que comience a pensar: "para mí, ya no hay esperanza, he rodado tanto, he ido tan lejos que ya no tengo vuelta, que ya no hay esperanza, ¿para qué me, esfuerzo, si realmente fui demasiado lejos?".

Cuando el alma llega a eso, Yo digo: esa es una persona muy poco feliz, esa es una persona que ha comenzado a vivir su infierno en la tierra, ha comenzado a vivir amarguras sin nombre, ansiedades que nadie puede saciar; ha comenzado a vivir días de tormento, noches de desvelos, lágrimas secretas, ardientes de desesperación, y que nadie puede consolar. Quizá golpee las paredes, se hale los cabellos, se muerda, se maldiga, ¡nada va a calmarle!, perdió a su único gran amigo.

Ahora, si su alma ha encontrado al absoluto de su vida, entonces aférrese a El, y prefiera, dejarlo todo y quedarse con El.

Nuestro profeta, dijo: "si yo, un día, por esas cosas, ustedes me abandonan, mi propia familia me despreciara, pero Dios se quedase, conmigo, yo tendría mayoría"... "Aunque mi padre -dijo David- y mi madre me dejaran, me basta con que el Señor me recoja"... Y aunque los enemigos, hermanos, se alzaran en grandes hordas, en ejércitos incontables; si Dios está a su lado, esté seguro: El no lo va a dejar.

Pero ya puede tener usted, por contrapartida, a todo el mundo a su favor, y usted puede hacer, hermano o hermana, que sus hijos se vuelquen a usted, y que todos le apoyen, ya puede hacer que toda la Iglesia le alabe, ya puede hacer usted que su jefe le palmee la espalda, ya puede hacer usted que muchos hombres, le anden buscando, (como la mosca a la miel). Ya puede hacer usted tantas cosas, ya puede estar rodeado de lujos, de comodidades, de dinero. Pero si no tiene a Dios, es usted un infeliz.

Porque el alma no se sacia con una cartera llena, con una cuenta corriente grande, el alma no se sacia con lindos vestidos, zapatos a la moda, hermanita, no se sacia con un chiste más o menos bien dicho, hermano, no con un día de baile, no con un rato de placer. El alma, solamente Dios, puede aquietarla.

Eso hablando del predestinado, porque el que no es predestinado, va encontrar descanso aun en los placeres brutos e inconscientes de la simiente de la serpiente. Va encontrar armonía, quietud y absolutismo en todas las bajezas sin nombre, aun en el erotismo; simplemente porque es un bruto, porque es un hijo de la bestia, porque es simiente de la serpiente, pero si es hijo de Dios, ¡óigamelo!, (y esa es su experiencia): nada puede saciarle.

Usted puede ser muy carnal, y varón y mujer casados: ustedes pueden ser muy sexuales, pueden ser muy atraídos por la carne que es un lastre y una maldición, que es muerte y vergüenza; puede ser muy atraído. Y usted puede pensar: "si no me satisfago, no estoy tranquilo", pero una vez que se satisface, la inquietud es mayor la desesperación es mayor, no adelantó nada en absoluto.

Y cuántas veces, la mujer, después de haber cumplido con sus deberes conyugales, termina con lágrimas secretas, llorando, llorando tristezas que no sabe explicarse, llorando amarguras, que no sabe definir. Pero que Yo le defino en esta mañana, en esta palabra: "No, no es una satisfacción carnal lo que a usted le dará quietud en su alma; es un encuentro con Dios"... Y el hombre embrutecido, que por tener una esposa, piensa que tiene un objeto usable cada vez que la gana le dé; después de eso, al venir a la Iglesia, se avergüenza y encuentra que es tan bajo, que es tan carnal, que es tan ruin; y cuan lejos de Dios se encuentra.

Sí, es verdad, el alma de un predestinado no se sacia con nada, y hace bien un predestinado en ser leal y no buscar subterfugios, no buscar salidas: la mujer, coqueteando; el hombre, conquistando, ¡no!, hace bien en: "Miradme a Mi todos los términos de la tierra, y sed salvos". Eso saciará su alma.

Hace bien en sacar los ojos de todas esas cosas, apartarse de todo manoseo perverso, ruin, pecaminoso, y elevar su vida al Señor, ¿no es esto precioso?, ¿no es esto sublime?... Eso alienta mi alma, y ya quisiera comenzar a gritar y alabar a Dios, porque, este es el gemir de mi corazón, esta es la desesperación de mi vida, esto es lo que sacia mi alma, aquieta la ansiedad de mi espíritu.

Y a decir de Pablo: "estoy como con dolores de parto -dice él-, para que Cristo sea formado, en tu vida"... y en realidad esto sólo, hermano, ya es suficiente para decir: "Señor, tan solamente con eso mi vida sería otra, yo sería diferente, yo sería un cristiano, al decir de la Palabra, un cristiano, según el modelo Escritural, un cristiano, en fin, según lo que el Espíritu Santo nos concede. Señor, si yo, pudiera llegar a ser eso, entonces para mi estaría todo en mi mano" ... que bendición.

Estaríamos entrando en dinámica, esto es en hacer que la Palabra sea efectiva y real, en hacer que nosotros, al usar la Palabra, tengamos poder, en hacer que al tener poder, ejecutemos las obras de Dios, y al ejecutar las obras de Dios, hermanos, tendríamos la Palabra hecha carne, y al tener la Palabra hecha carne, el Espíritu Santo cumpliría su ministerio que es: manifestar a Dios en cuerpo humano, ¿no ve ?.

Ahora nosotros, entonces, necesitamos elevarnos, necesitamos encontrar qué es lo que satisface nuestra alma, qué es lo que nos quitaría la angustia, la carga, el dolor, el pesar, el desasosiego, la desesperación. Aquello que sin saber por qué, muchas veces nos dan deseos de llorar, aquello que, mientras está trabajando en sus distintas labores, de repente nos sobrecoge una desesperación: "algo está fallando en mi vida, algo está faltando en mi ser"...

¡Sí!, si usted ha estado viviendo esa ansiedad, si usted ha estado viviendo esa inquietud, si usted ha estado viviendo ese terreno, hermano. Aprehensivo, angustiante, es porque no tiene a Dios en su vida, es porque su alma está vacía de Dios, es porque Cristo no ha sido formado en usted, es porque todavía no comienza a ser un cristiano; esta en proceso, esta en camino, esta hacia, pero no esta en él. Y lo que necesitamos es que Dios venga a nosotros, es que El viva en nosotros, es que El esté en nuestras almas, es que El sea una realidad en cada predestinado. Y cada predestinado, solamente llegará a puerto, anclará, cuando se encuentre con Su Dios.

Así que, déjeme decirle con Isaías: "Apresúrate y aparéjate, para que salgas al encuentro de tu Dios", Y voy a hacer énfasis en estas palabras: "aparéjate para que salgas al encuentro, de tu Dios"... y al decir: "salgas, al encuentro", es porque. El se ha puesto en camino. Salirle al encuentro, es ir a buscarlo, a recogerlo; porque indudablemente, El ha dejado Su casa, y comienza a caminar hacia un pueblo, que se supone, le dará cabida, hacia una vida, que se supone, tendrá lugar para El.

¡Aparéjese!, ¿qué es aparejarse?, atavíese, ¿qué es ataviarse?, prepárese, vístase para que salga al encuentro del que viene. Y Yo completaría este texto, con otro del Nuevo Testamento, haciendo un nexo entre ambos, diciendo: "aparéjate para que salgas al encuentro de tu Dios... he aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"... Y haciendo un nexo entre texto y texto, te pongo a ti en el medio para que hagas esa unión: antigua y neo testamentaria, que te hagas UNO, y tu alma encontrará la quietud que no te ha dado tu padre, tu madre. La confianza en tu amigo, en tu amiga, el volcarte, el confesarle, el confiar en los que tú creíste podrían entenderte. O quizás pensaste que yendo a darle satisfacción a tus apetitos, encontrarías quietud, y estás más desesperado aún.

¡Aparéjate!, para que de una vez te encuentres con El, entonces habrá paz, habrá calma en tu vida. Porque tu alma, predestinado, tu alma no se sacia con el cine, con una cerveza, con una noche de baile, con una noche de cama; tu alma, predestinado, no se sacia con conquistas mundanas. Tu alma se sacia solamente con Dios. Si eres predestinado, así será.

Y antes de hablar la Palabra en el terreno que el Señor quisiera que llegásemos en esta mañana, Yo quiero invitarles a orar. A unos: para que se sacudan el sueño, y le digan al Señor: "échame este diablo que me va a impedir, oír Tu Palabra"; y otros: para que aquieten su espíritu y puedan entrar en armonía con su Señor. Quiero invitarles a orar. Estemos orando:

Santo, Santo Señor, grande, Eterno, Sublime Dios, esta mañana ¿qué nombre Te daría, Señor?, quizá podría decirte: Padre Eterno... Yo sé, Señor, Yo sé, porque mientras cantábamos, estaba tratando de captar el pulso y el latir de cada vida. Yo sé que hay ansiedades, Yo sé que hay vacíos sin llenar, Yo sé que hay inquietudes que necesitan, Señor, ser tranquilizadas; sé, Padre, que hay almas que gimen, que te anhelan, que en realidad no saben qué es lo que pasa con ellos, pero que su predestinación les está llamando.

Y como TU nos estás poniendo contra la pared, arrinconándonos... ¡padre!, ven en esta hora, vela por esas almas, vela por esas vidas, ven y responde a esas peticiones. Y Yo te suplico, Señor, mira las lágrimas de aquellos que genuinamente halan hacia Ti, porque su predestinación no los deja en quietud. Por aquellos que, Señor, día a día, desesperan por un encuentro real, personal Contigo, por aquellos, Padre, por estos que han clamado durante esta semana, desde martes hasta aquí; porque se han dado cuenta que lealtad, es algo que ellos nunca han vivido, se han dado cuenta que lealtad, es algo que ha estado fuera de su alcance, se han dado cuenta que lealtad, Señor, aunque está dentro nuestro por predestinación, nunca hemos practicado, se han dado cuenta que lealtad es un sentir desconocido en las vidas porque han vivido de: engaños, mentiras, fingimientos, o manufacturas.

Pero queremos borrar eso, Señor, queremos sacar eso. Y algunos que ya han comenzado a vivir lealtad, saben que es el comienzo de un todo, y anhelan, quieren llegar a Ti.

Por eso en esta hora, Padre, coloca Tu Espíritu, trae Tu mente a nuestras mentes, trae Tu capacidad a la nuestra, que es pobre y pequeña, trae Tu omnisapiencia a nuestra ignorancia. Elévanos a TI, donde esté Cristo; acércanos a TI, Señor. Porque si hemos nacido de nuevo, buscamos las cosas de arriba.

¡Mi Señor, mi Padre, Padre mío!, estos que están aquí, son mis hermanos pequeños, son Tus hijos, engendrados después de Mí, son menores que Yo. Yo te los traigo, me siento responsable de ellos, y la súplica de mi corazón, Señor: míralos a cada uno, y si tienes que inclinarte, por favor acuclíllate, ponte a la altura de cada uno. Y si hay algunos, que de pequeñitos no pueden, álzalos en tus brazos, pero ponnos a tu altura, Señor, para que en esta mañana, todos en un mismo plano, en un mismo nivel, iniciemos el estudio de Tu Palabra.

¡Padre Santo!, esta es una Iglesia que quiere vivirte en verdad, esta es una Iglesia que no se conforma con cantar poco más o menos, no estamos conformes, ni este Tu Hijo, ni todo este pueblo, ninguno estamos conformes. Queremos eso grande, queremos eso, que lo que ya hemos hecho, quede convertido en un grano de arena para lo que haremos; y sabemos que está en nosotros.

Y a igual que Jefté, a igual que Gedeón, en esta mañana, danos coraje para plantarnos ante TI, para afirmar nuestros talones, cuadrar nuestros hombros, alzar nuestros rostros y decirte: "¿Dónde está el Dios de las maravillas?, ¿dónde el Dios de poder?, ¿dónde el Dios que abre el Mar Rojo?, ¿dónde el Dios que sólo al invocarlo, acude instantáneamente en auxilio del pueblo suyo?”...

Y en este instante, plantados ante TI, te decimos: "¿Dónde estás, Dios de Pentecostés?, ¿dónde estás Dios de Pablo, de Pedro, de Juan?, ¿dónde estás Dios de Branham?, ¿dónde estás Dios del Pastor Alvarado?, ¿dónde estás Dios de Cristo es la Respuesta?, ¿dónde estás Dios de poder?"...

Y por un acto, Señor, de grandeza, por un acto de Tu soberanía, abre tus labios, ordena que los ojos del alma sean abiertos, extiende tu mano, ponla sobre el hombro de cada cual y sacúdelo, y dile: "¿Ves?, ahora anda con esta tu fuerza, porque el Dios que tú reclamas, no es otro que tú, el Dios que tú no sabes dónde está, no es otro que ese tu cuerpo"... "¿mi cuerpo?, cargado de mentiras, este cuerpo tan imperfecto, es lo único que tengo para manifestarme"...

Y entonces, entonces Señor, nuestra alma se aquietará, entonces el vacío de nuestro ser será cubierto, entonces seremos lo que siempre debimos ser; pero que por nuestras bajezas y ruindades, no hemos logrado, antes hemos venido rodando más bajo hasta convertirnos en pecadores consuetudinarios. Pero ya no más, Padre, ya no más, no más Señor.

La mujer se ha convertido en una cosa liviana y negociable, pero ya no más, Señor. El hombre se ha convertido en un inútil, en un incapaz, en una vergüenza para Tu Nombre, pero ya no más, ya no, Padre. Ya está bien, Señor, ya no. Padre ... Padre ... Te ruego en esta hora; escúchame y encuéntrate con cada, vida, Padre, no importa que sea como fuese la condición en que hemos venido, Padre, óyenos en nuestro clamor por mejorar.

Y Yo Te honraré, Te daré las gracias. Gracias, Señor, honra y gloria a Tu Nombre, bendecido seas porque me haz oído, gracias, Señor. Amén.

Quizá sería bueno, hermanos, cantar en otra dimensión, con otro sentir, el himno 85. Y ojalá que ninguno de los que aquí estamos, se queden sin ser atraídos por este poder, por esta gloria, por esta grandeza de Dios, ojalá que no haya ninguno que no entre en este canal, lo lamentaría con toda mi alma que usted no pudiera entrar. Podríamos quizá repetir el himno 85

Juan capítulo 5, verso 19 al 28.-

"Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo; El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán SU VOZ".

Dios bendiga Su Palabra, hermanos. Asiento.

Hemos dicho que lealtad es uno de los atributos que Dios puso dentro nuestro cuando El nos formó, antes que brillaran soles ni lunas, ni hubiera estrellas, ni planetas en el espacio. lealtad es, en fin, esa cosa que es inherente de cada predestinado, ¿no ve?.

Y también hemos dicho, que teniéndolo dentro nuestro, siendo de nuestra competencia demostrar lealtad ... Si usted viene y me dice: "No puedo, me esfuerzo, pero no puedo", entonces, lamentablemente hemos de revisar su naturaleza, porque si usted tiene naturaleza de Dios, usted va a poder. Porque el padre pone dentro de su hijo, parte de su ser, y al poner parte de su ser dentro de cada uno, también pone parte de su capacidad en cada cual.

Y cada quien, teniendo capacidad por predestinación de ser leales, si no lo hace, entonces tendremos que revisar cuál es su simiente, cuál es su naturaleza. Y sería muy de lamentar que no hubiese en usted naturaleza capaz de demostrar este atributo santo: LEALTAD.

Hemos dicho: lealtad es sinceridad. Y Yo creo que durante esta semana, a partir de martes, muchos de ustedes, hermanos, demostrando que hay dentro lealtad, han venido a mirarse, sinceramente hacia adentro. Algunos, les ha horrorizado encontrar un monstruo dentro de su vida: "¿Pero, yo, yo he sido así, y Dios de mí se ha compadecido?, ¿yo he sido así, y pretendía que Dios hiciera algo grande conmigo?, nunca antes lo había visto"... ¡claro!, porque lealtad nos lleva a sinceridad, hermanos.

Y dijimos: cuando usted es leal, cuando usted tiene lealtad, ella le va a llevar, porque no puede hacer otra cosa, le va a llevar a sinceridad, lealtad le va a llevar a usted a demostrarse a sí mismo qué es, qué quiere, qué persigue; lealtad, en fin, le va hacer a usted una persona que le va a poner nombre a su sentir, a sus reacciones.